Los juegos ayudan a los niños a asimilar la cultura en contexto; adquieren conocimientos, se relacionan con el entorno y con los demás. La generación que viene del siglo XX, donde me incluyo, solíamos jugar a tirar de la cuerda, al caballito de bronce, al emboque, al corre el anillo, a las escondidas, al “compra huevos”, al luche, al “ha llegado carta”, a la gallinita ciega, al “pillarse”, al parir la chancha, a las naciones, a la rayuela, al runrún, a la payaya, al trompo, a encumbrar volantines, a la bolitas, al chiclín, al choclón, a los tres hoyitos, a saltar la cuerdas, a la carrera de caballos, para la cual usábamos palos de escoba, etc.
Ahora los niños, al igual que los adultos, usan los videojuegos, que no son ni buenos ni malos en sí, pero se puede convertir en una adicción a la larga. En China y Estados Unidos ya hay clínicas de desintoxicación donde se internan a estas personas para mejorarse de esta manía.
Mauricio Pilleux Dresdner




