Monday, July 18, 2011

CHILE, UNA VOLUNTAD DE SER


A nuestra poetisa Gabriela Mistral le consultaban en un encuentro literario en Montevideo, Uruguay, por el significado de los países: Argentina, “horizonte mas allá de nuestro ojos…”. Brasil, “verde, todo verde”. Chile, “Una voluntad de ser”.
Nuestros poetas, vividores de su interior dramático, envuelto en imágenes imposibles la más de las veces, tienen de pronto la facultad de tan sólo en una frase, expresar la diversidad de un hecho, persona o idea. Es así, porque considerando que nada es tan sólo hecho individual, uno ajeno al mundo, la virtud de expresar tanta diversidad, resulta ser muy meritorio. Cervantes con su Quijote, personificó a millones de seres humanos en todos los tiempos. Y si avanzamos aun mas profundamente, la sencilla expresión de Cristo, breve, imaginativa, utilizando la asociación de ideas, como forma permanente para predicar sus valores, logra traspasar los milenios para ubicarse en la naturaleza del ser humano. Sin requerimientos filosóficos complejos y sin haber modificado nada de lo que dijo en vida, manteniendo el valor eterno de su sencilla doctrina.
Gabriela, dice de Chile, “Una voluntad de ser”. Cuando la voluntad es colectiva, una sociedad, y ésta adquiere para si misma una institucionalidad que acogen y la hacen respetar, asumiendo la diversidad, política, étnica, religiosa, de lengua, en cada uno de sus componentes y que reconoce de cada uno de ellos su pasado inmediato y juntos estructuran un objetivo común, surge la nacionalidad. Entendemos entonces que para la Mistral, la nación, termina siendo el corazón de esa sociedad, que la ha vio provista de voluntad en torno a lo más importante de ella misma, su propia identidad.
“Una voluntad de ser”, expresado antes del advenimiento de las revoluciones, del desorden y el caos en que el comunismo despojó a la humanidad de la paz. ¿Qué habría dicho Gabriela de estos días? Probablemente habría dudado de tal expresión. La razón de ello, es que el ser, propiamente tal, su identidad, valores incluidos, pareciera que están en el tacho de desperdicios y hay muchos, quien sabe si cientos de miles, que simplemente no tienen interés alguno en encontrarlos ni tampoco en construir una nueva sociedad que podría haber sido un objetivo natural. No hay otra razón para comprender tanto desprecio reflejado en la destrucción, ya sistemática del bien público y privado, al término de las marchas, surgidas por un afán estudiantil, hoy repletas de colgados diversos. La lucha callejera, violenta, anárquica, que envuelve a aquellos que hacen del odio su doctrina, no es más que la ausencia de esta “Voluntad de Ser”, proclamada por la Mistral. Y es así, porque suponemos que al menos aceptan el estado democrático, pero no han sido capaz de manifestarse, no tienen interés en sufragar, tampoco dialogar, menos asumir el estado de paz social necesario para avanzar hacia el futuro. En suma, han creado una frontera de tal magnitud, que han logrado desprenderse de la nacionalidad existente, ingresando a un mundo que no tiene destino alguno. ¿Lo comprenderán?

Mario Ríos Santander

Julio de 2011.-

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