Monday, August 01, 2011

Colaboración de Mauricio Pilleux


Fuente: LA TERCERA

Confundidos y mal educados

Es inexplicable el bochornoso espectáculo que nos brindaron los timoneles de la Concertación, al no llegar a una reunión con el Presidente.

por Jorge Navarrete -

UN IMPORTANTE abogado de la plaza escribió: "el que saque cuentas alegres de las últimas encuestas de aprobación política es un subnormal". Aunque se trata de una frase algo dura, lo cierto es que los sondeos de opinión muestran una debacle generalizada de la clase dirigente, expresada tanto en el gobierno como en el Parlamento y los partidos.
Es justamente en ese contexto que resulta inexplicable el bochornoso espectáculo que esta semana nos brindaron los timoneles de los partidos de la Concertación, los que no llegaron a una reunión con el Presidente de la República que habían solicitado ellos mismos. Más allá de la vergüenza ajena que a muchos nos provocó, se trata de un incidente grave y que revela el deterioro de aquella coalición que por 20 años gobernó el país.
En primer lugar, porque se han alcanzado niveles superlativos de irrelevancia e incompetencia. La excusa esgrimida para no concurrir a la cita a saber, que el gobierno debía dialogar primero con los representantes estudiantiles- constituye una renuncia a la función más básica y esencial que tiene todo dirigente político, especialmente cuando se está a la cabeza de un partido: representar las ideas e intereses de otros, en el marco de un debate público donde se asientan las diferencias y se señalan los puntos de acuerdo.
A continuación, se evidenció la total confusión para afrontar un desafío mayúsculo, como es lograr un acuerdo en un tema extremadamente complejo, que requiere voluntad, coraje y que obviamente traerá aparejados costos políticos y personales para quienes finalmente lo suscriban. ¿Alguien puede creer que a sólo escasos minutos de que debía realizarse la cita con el Presidente, los timoneles concertacionistas cayeron en la cuenta de que su presencia en dicho encuentro sólo podía verificarse después de que se diera una respuesta formal a las peticiones de los dirigentes estudiantiles? Más bien, la reunión inmediatamente anterior entre ambos grupos da más luces de lo que realmente ocurrió: los dirigentes de la Concertación fueron conminados a no asistir a dicha cita y así sortear la crítica del movimiento estudiantil, en la medida que la propuesta del gobierno no les resultara satisfactoria.
Tercero, y no menos importante, dejar plantado al Presidente fue una grosería gratuita, la que no sólo desconoce una larga tradición republicana, y por esa vía devalúa más la dignidad del ofensor que la del ofendido, sino que también pone en cuestión el rol y la legitimidad que los dirigentes de la oposición deben tener en una democracia. Lo cortés no quita lo valiente. Y, en este caso, no sólo hicieron alarde de una mala educación, sino que ni siquiera estuvieron dispuestos a poner la cara con el anfitrión para dar razón de sus dichos.
Soy de los que creen que Sebastián Piñera no es precisamente un dechado de virtudes republicanas. Pero ese juicio está, entre otras cosas, fundado en la suma importancia que le concedo a las instituciones, el servicio público, la política y sus formas. Son esos conceptos y valores los que hoy han sido dañados por esta tan torpe como incomprensible conducta.

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