Wednesday, September 14, 2011

El Presidente que no tuvimos


Escribir aquí, en mi modesto parecer y como tantas veces se lo he manifestado al editor, lo asemejo tal si integrara un fraterno grupo de amigos instalados en “living” del hogar de alguno de ellos, reunidos allí y en amena charla donde los temas afloran en consideración a la contingencia. De este modo, con esta libertad, me surge una afirmación en orden a que ¡caramba que es acontecido el mes de Septiembre en Chile! y ello, sin más, desde los albores de la república. La historia patria está jalonada de hechos y acontecimientos relevantes, de glorias y derrotas (bueno…, éstas dependen de quienes asumen unas y otras), de tormentas y florecimientos acaecidos durante tan tensado período. Y el que nos toca, el del 2011, no ha estado exento de esos avatares, los que, por su amplia difusión y cobertura, no me detendré a su análisis particular.
Sin embargo, uno de ellos, el que me lleva a reflexionar en este ambiente como anoto, franco y distendido, tiene que ver con la partida de don Gabriel Valdés Subercaseaux, hombre de reconocida trayectoria pública y a quien conocí personalmente. Más que referir a su biografía, me detengo en una frase con caracteres de sentencia que se repitió, o la oí decir, más de una vez: “¡Chile se farreó a don Gabriel Valdés como Presidente de la República!”(¿?). Me ha llamado a sorpresa tan enfática afirmación pública expresada en los círculos cercanos a su persona puesto que no guardo mayor recuerdo, como chileno, de haber visto o testimoniado la candidatura de don Gabriel a la primera magistratura, o en las primarias de la coalición gobernante de aquel tiempo para competir en aquélla o en la justa interna del colectivo político del cual era militante para postular en estas otras. Por manera que, ante tan categórico aserto, mal pudo Chile entonces, como país, dilapidar una circunstancia respecto de la cual, simplemente, no se le brindó acceso de ninguna especie. Serían otros entonces los que despilfarraron.
Ahora bien, nadie discute la figura de don Gabriel Valdés tanto en el quehacer público como en el mundo político. Su trayectoria, su aporte y su clara condición de estadista lo determinaron no sólo como un denodado servidor público sino que, además, este desempeño siempre en las más elevadas esferas del poder. A ello cabe agregar, necesariamente, - y sería mezquino no hacerlo - su indiscutible prestancia que, sin duda, le granjeó una nada despreciable rentabilidad en el ámbito donde campeó por sus fueros íntimos. Pero estos son aspectos o caracteres dables de evaluar para todo aquel que se asoma a la ventana política. Hay muchos otros factores que influyen en el destino humano y que – como se sabe - catapultan a UN SOLO CHILENO(A) cada 4 años para ejercer la Presidencia de la República. Y, en contadísimas oportunidades, dicho cargo recae en “ese alguien” por motivos meramente casuales. La inmensa mayoría ha debido librar, muchas veces, las más enconadas y sórdidas batallas inclusive, dentro de su propio sector a fin de imponerse ( que es donde están los enemigos de verdad, ya que, los que piensan diferente, son meros adversarios). Curiosamente, don Gabriel no quiso o no supo afrontar las trapacerías de rigor al interior de la DC cuando se discutió su mejor derecho a postular... Pero, lo cierto es, que a nadie, al menos en Chile, ni aún a pretexto de los méritos humanos más sobresalientes, le van a dejar ni el cupo ni el cargo a su domicilio. De este modo, es muy probable que tanto don Gabriel cuanto sus cercanos no hayan evaluado convenientemente todas las variables que inciden en lo que termina siendo la culminación de una carrera política, que son muchas y en que el factor “suerte” también juega un rol preponderante.
Pienso, a propósito de esto último, que don Gabriel Valdés tuvo incluso hasta mala suerte para emprender el viaje al Más Allá. Pese al duelo nacional decretado y las banderas flameando a media asta, la coincidencia con la tragedia de Juan Fernández hizo que las exequias del joven animador se transformaron en un verdadero funeral de Estado en contraste con las del mencionado repúblico, más bien discretas si comparamos la conmoción de la que hemos sido testigos en las de aquel.
Es cierto. El éxito en la actividad pública y también política tienen una arista potente en el azar, en lo intangible. Así, los hechos más impensados y, por qué no, aciagos, deciden la suerte de quienes en el momento de su ocurrencia, les asiste un papel protagónico. Golborne y Allamand, a mi juicio, son fieles exponentes y lo más caracterizado…… Sin embargo, como alguien por ahí dijo, las cuotas de transpiración e inspiración son al final las verdaderas fórmulas para tasar el éxito y el reconocimiento de toda actividad humana, planteamiento del cual participo y que don Gabriel, en este orden, fue un leal exponente de aquello en defensa de la causa que le conocimos y de la suscripción de valores en los que Chile siempre estuvo de por medio.

Armando Jaramillo Lira

8 comments:

Migue Huerta said...

La suciedad interna de la DC (y su Gute) no era el ambiente propicio para un Conde de la política.

Anonymous said...

Don Armando . Hubo prévias sí en la DC.Entre él y el chico Zaldívar ( ganó Zaldívar). Lo recuerdo muy bien pues Yo lo coloqué en el periódico de la colonia chilena aquí en Brasil.No soy DC. pero no recuerdo otra figura mas TALLADA para el cargo que él..., talvez habría dado problemas..., no me imagino al CONDE siendo presidente, aceptar que ese Generaleco perturbado que desairó a Alwyn en el parque O`higgins; lo hubiese hecho con él..El grito aún suena en mis opidos ( como lo soñé). : - General PINOCHET !!! Mande arrestar " AHORA"!! este su subordinado !!!!!!!!!!.Creen que le habría importado las visitas del extranjero..., ahí Pinochet habría sentido quien ahora mandaba a moverse Las Hojas .Dicen que se lo preguntaron a él sus mas íntimos, y esa habría sido su respuesta...,ahora vale preguntarse : -Alwyn fue flaco y pusilámine ? o fue sabio ???.Atte. Eduardo Sáez

Carmen Domínguez R-T said...

Don Eduardo:
Error. Las previas de Zaldívar fueron con Ricardo Lagos, mucho después. Aylwin fue beneficiado por la "maquinaria" DC encabezada por Gute y corrió solo. Recuerde el "Carmengate" (DC) en que se robaron los padrones electorales. Valdés no estaba dispuesto a esa mugre.

Migue Huerta said...

Recordarles que el "Conde" no fue el único noble de la política criolla.
Antes existió un "Marqués" Bulnes.

Anonymous said...

Sra. Carmen.Antes de las previas de la concertación como un Blok.., cada partido hizo sus prévias própias para indicar el candidato de su partido a las prévias de la concertación..., después de ganar en su partido, Zaldívar perdió para Lagos en las prévias de la concertación.Atte. Eduardo

Marco A. Maturana said...

El Carmengate fue un escándalo político chileno que ocurrió el 27 de noviembre de 1988. Consitió en denuncias de serias irregularidades electorales en las primarias internas de la Democracia Cristiana (PDC), que habrían beneficiado a Patricio Aylwin (quien terminaría por ser electo Presidente de la República en la elección presidencial del año siguiente), en desmedro -principalmente- de Gabriel Valdés, que había sido en los años anteriores el dirigente de mayor visiblilidad dentro de la oposición democrática a Augusto Pinochet. El tercer precandidato en esta elección interna era Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien sucedería años después a Aylwin en la presidencia de Chile.

El caso recibe su nombre (que también hace referencia al escándalo político estadounidense de Watergate) de la sede central del PDC, que en ese entonces se ubicaba en un edificio cuya dirección es Carmen 8, en el Centro de Santiago.

Wikipedia

Jorge Palominos said...

Dajar de lado a los mejores ha llevado a la concertación al estado casi fúnebre en que se encuentra.

Llanera Solitaria said...

Maquiavelo solía decir que un buen gobernante requería de armas propias –virtud- y armas ajenas –fortuna- para tener éxito en su labor. En otras palabras, talento y oportunidad. Hay quienes vivieron siendo talentosos, sostenía Maquiavelo, pero nunca tuvieron la oportunidad que necesitaban para demostrarlo. Otros en cambio se vieron súbitamente premiados con la oportunidad, la cual desperdiciaron por no ser lo suficientemente talentosos. Golborne y Allamand no crearon estas situaciones. Simplemente les sucedieron. Ahora hay que ver cómo administran ese capital. El primero desde la epopeya eufórica de San José, el segundo desde la tristeza sobria de Juan Fernández.