Sunday, September 11, 2011

¿Razón o naturaleza de las cosas?



Cuando el presidente de la CUT señalaba que a estos “cabros le han metido puras porquerías en la cabeza”, se refería a la filosofía, educación que se involucraba en el humanismo, bajo la forma de antropología filosófica, alentando la diversidad racional que a veces llegan a extremos tales, como la de tirar piedras a diestra y siniestra, en una clara expresión del fin último de la razón individual, el ser anárquico.
A los dirigentes estudiantiles no les gustó lo que opinara la CUT pero guardaron silencio.
¿Tenía razón la CUT? La verdad es que no estaba del todo equivocada. Las diversas corrientes del racionalismo, que surgieran a partir del Renacimiento y que alcanzara su cúspide en la instauración del régimen comunista soviético, fundaron su actuar racional, separado de la naturaleza de las cosas. Su principal forma de expresión fue la revolución, oponiéndose a cualquier manifestación evolucionista. La revolución, en lo social, se transformó en la razón última del racionalismo. Se practicó bajo todas las formas, en todas las geografías, bajo distintos signos políticos. Su presencia llegó al extremo, que en la década de los sesenta hasta los ochenta, no hubo país sobre la tierra que no se preciara de tener su propia revolución aunque con distintos signos. La manifestación revolucionaria, marginó la naturaleza de las cosas, en especial aquellas referidas a la fe, el amor a la patria, la familia, la paz social, entre otras. Se extendió por 200 años, desde la Revolución Francesa hasta la caída del Muro del Berlín que dio paso a la desaparición al Imperio Soviético.
Llegado los años noventa, desaparecidas todas las revoluciones, el racionalismo extremo, vacío de símbolos de lucha, busca afanosamente otra estrategia que le permita volver. Dicha acción, como la revolucionaria, también debía ser, o parecer, más trascendente que los valores de Dios, Patria y Hogar en cuyos principios, para algunos añejos, daban solidez a cualquier sociedad, en cualquier cultura. Surge la doctrina de los Derechos Humanos, como si el ser humano recién apareciera sobre la faz de la tierra. ¿Qué había ocurrido?. De partida el acto revolucionario, había fracasado. La razón, debilitada ante la naturaleza de las cosas, había hecho desaparecer incluso a los poetas. Llegaban tempos de bienestar mundial y por lo tanto, ahora eran otras las desigualdades por las que había que preocuparse. El acto de poder, también tenía otras formas. El sable y la carabina en retirada, se reemplazaba por el grado académico. La libertad, comenzaba a ser mas individual, por ello, si bien se aceptada a regañadientes a Dios, no ocurría los mismo con la familia ni menos con la Patria. Ambos, podían marchitar el derecho humano individual. Entonces, en su mérito, debían desaparecer porque se habían constituido en los últimos bastiones del derecho contrapuesto, el natural.
Hoy estamos en ese escenario. Debería librarse la batalla final entre estos conceptos. Muchos han comenzado a levantar la biblia, expresión de una relación individual del ser con Dios. Otros, quieren abrir sus fronteras, árabes los mas presentes, que buscan también esta individualidad que el Islam no se los permitió. Pareciera que el mundo se perfila a una nueva sociedad.


Mario Ríos Santander

Septiembre 2011.-

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