Friday, October 14, 2011

HE AQUÍ EL CULPABLE


En el Chile del siglo XIX, y luego de cuatro “decenios” seguidos, la clase política decidió poner término a la posibilidad de reelección del Presidente de la República por un segundo período de cinco años.
Así pues, el primero en asumir por un período simple de 5 años en 1871, según quedó modificada para ese efecto la Constitución de 1833, fue Federico Errázuriz Zañartu, el presidente más audaz, impetuoso, personalista y de arrollador carácter en nuestra historia republicana, según nos lo describe Francisco A. Encina.
Le llevó al poder una novedosa “Alianza Liberal Conservadora“, relegando a los bancos de la oposición en el parlamento a los muy capacitados militantes del Partido Nacional de Montt y Varas.

Lo curioso es que los liberales tenían al presidente por “ultramontano“, o conservador de ideas católicas extremas. Y muchos conservadores, por su parte, veían en Errázuriz a un pipiolo o liberal de sospechosa tendencia laica. Hoy parece bastante claro que logró mantener desconcertados a todos ellos.

Errázuriz hizo un gobierno enérgico y ejecutivo, absolutamente libre de escrúpulos, durante cuyo desarrollo anuló políticamente a muchos de los mas capacitados de sus contemporáneos. Al fiero Domingo Santa María, entre ellos, quien debió esperar a que falleciera Errázuriz, y a que el favorito de éste, Aníbal Pinto, cumpliera su propio período presidencial, para llegar a asumir, a su turno, la primera magistratura.

Federico Errázuriz fue un hombre de grandes talentos, pero su personalidad avasalladora le granjeó enemistades profundas. Parece que, en materias de afectos y amistades, no fue muy apreciado por muchos de sus contemporáneos.
Yo, sin embargo, le guardo , a casi un siglo y medio de distancia, particular aprecio y reconocimiento. Y es porque, gracias su porfía y decisión, Chile adquirió en Inglaterra, en 1872, los dos blindados que nos permitirían, pocos años mas tarde, afrontar en buenas condiciones el cuadrillazo bélico tramado por Perú y Bolivia. Hablo de los acorazados “Cochrane” y “Valparaíso” (rebautizado mas tarde “Blanco Encalada”), encargados a los astilleros Hull, en Inglaterra, a un costo enorme en libras esterlinas, que darían buena cuenta del “Huáscar” en Angamos, el 8 de octubre del glorioso año 1879.

El caso es que Errázuriz conformó su primer gabinete de cuatro ministros con tres liberales y sólo un conservador. Este último fue Abdón Cifuentes, quien asumió la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública.
Un personaje admirable, Cifuentes, quien seguiría por muchos años actuando en la política nacional. Un visionario, sin duda, quien se atrevió a abordar - en aquellos pacatos años - el espinoso, casi inmencionable tema de abrir paso a la mujer en el mundo laboral.
Para ese fin, discurrió crear plazas de trabajos para ellas en la enseñanza primaria, disponiendo prioridad en el reemplazo de profesores por mujeres en la enseñanza básica de varones. Empeño nada de sencillo. De hecho, su primer intento, en Valparaíso, fracasó por la oposición formal y decidida de Intendente de esa Provincia. “Si la preceptora es buena moza - argumentó el señor Intendente -, malo. Si tiene hermanitas que puedan rozarse con los niños, peor.”

Así es que el Ministro Cifuentes debió olvidarse del puerto, e iniciar su experimento en la escuela de la pequeña localidad de Hierro Viejo. Con el espectacular resultado de que la maestra allí designada consiguió, en pocos meses, transformar una escuela “desquiciada” de 30 alumnos en un floreciente establecimiento de más de doscientos.
Demostrada así la capacidad de la mujer en el rubro educación, y con numerosas preceptoras postulando a los cargos vacantes, Cifuentes procedió a fundar, sobre la marcha, una “Escuela de Telegrafía para Mujeres“. Funcionó esa escuela como anexo a la oficina principal de telégrafos en Santiago, y en pocos años consiguió dotar a mas de un tercio de las oficinas telegráficas del país con mujeres sirviendo eficientemente esos cargos.

Llegamos así a la médula de este brevísimo y algo rebuscado relato : ocurrió que en su argumentación ante las Cámaras para obtener los fondos destinados a esta exitosa promoción de la mujer chilena, en 1873, Cifuentes expuso su intención de

“crear una ocupación honrosa y lucrativa a la mujer, que tiene entre nosotros tan pocos medios de ganarse la vida con su trabajo”.

Es, entonces, el culpable.
Ahora todos los lectores están al tanto de cómo y cuando se inició aquello del tan manoseado lucro en la educación chilena.




Raúl Olmedo D.

1 comment:

Carmen Domínguez R-T said...

Lo único que puedo criticarle al Sr. Olmedo es que no escriba más seguido.