Thursday, January 05, 2012

En Corea del Norte.


El viejo Ilyushin de la era Soviética aterrizaba en Pyongyang, después de un breve vuelo, una hora y algo más, procedente de Shenyang, ciudad asentada al sur oeste de Beijing.
Subir a bordo de ese viejo avión de Corea del Norte y encontrarse en su interior decenas de compartimientos, separados uno de otros con maderas parecidas a nuestra ya escasa plancha de madera “terciada” resultaba sorprendente. Sin embargo, más curioso fue la llegada a ese territorio dominado por el Partido Comunista. Terminado su aterrizaje, transita por la misma pista un par de kilómetros mas, luego vira a su izquierda, avanza otros doscientos metros, a la derecha, pasa sobre un puente de aguas torrentosas, vuelve su dirección nuevamente a su derecha, avanza otros doscientos metros, para enfilar por un camino-pista, de un kilómetro concluyendo su periplo en un amplio espacio, frente a un adusto edificio terminal, coronado con un retrato de unos cinco metros de alto de Kim Il Sung, fundador de esta dictadura comunista, además, de una decena de aviones de combate Mig, también soviéticos, apostados en el aeropuerto y sin ningún otro avión mas.
Era 19 de Septiembre de 2001. El Presidente Bush, esa misma mañana, transmitía al mundo un mensaje dramático: “Corea del Norte, forma parte de este Eje del Mal…”. Ocho días antes, comandos suicidas, demolían las torres de Nueva York, atacaban el Pentágono, provocando la mayor tragedia estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial. Nada de auspiciosa mi llegada a ese lugar. Aun no se conocían a los responsables de ese ataque y por cierto que sus autores, podían provenir también de Corea del Norte.
Llegaba a Pyongyang, mandatado por el Foro Asia Pacífico, organismo fundado en 1994, que reunía a 42 naciones de este amplio territorio marítimo. El objetivo era intentar incorporar a Corea del Norte a este foro. Los países miembros, salvo Japón, habían concluido que su marginación era mas bien un peligro permanente para la seguridad mundial. Su autocondición de “paria” internacional, sumado al sofisticado armamentismo nuclear, sin duda que obligaba a todos tener un nuevo trato con dicho estado.
En aquella ocasión, había invitado al Senador Institucional Jorge Martínez Bush. Las palabras de su homónimo, Bush de EEUU, me insinuó una broma al momento de descender: “A partir de este momento Senador, Ud. es Martínez no mas, el Bush guárdeselo…”. En la loza dos funcionarios de la Cancillería coreana nos recibían. Dos viejos Mercedes nos trasladaron a la ciudad por vías amplias, desoladas, sin vehículos, sin personas, hasta la estatua magnífica de Kim Il Sung. Descendimos de los vehículos y nos ubicaron en una línea blanca a unos 10 metros de ese monumento de bronce de otros 10 metros de alto. Inclinamos nuestras cabezas tres veces seguido, luego surgieron dos jóvenes con ramos de flores para que, en un nuevo acto protocolar, los depositáramos a los pies de este personaje. La TV local, grababa todo este proceso. En la noche sería destacado en las transmisiones que emiten solo entre las 19 y 21 horas. Antes y después, nada más.
Alojamos en una casa amplia, atendida por un servicio doméstico muy completo. Al día siguiente, nos reunimos con el Presidente de Corea del Norte, Kim Yonj-Nam , junto a un numeroso cuerpo de asesores. Fue franco de partida. “Solo podríamos considerar nuestra presencia en dicho Foro, si es que existe ausencia absoluta de EEUU”.
La conversación se extendió a muchos tópicos. Hablamos de la unidad de las dos Coreas. Me sorprendió su disposición, “..estamos dispuesto a crear un parlamento de las dos coreas, integrados por partes iguales, pero siempre que EEUU, abandone las bases militares ubicadas en Corea del Sur. Además, la administración de este territorio, deberá seguir bajo el mando de nuestro “Amado Camarada” Kim Jog Il, (recientemente fallecido) y Corea del Sur, por quienes ellos dispongan. Necesitamos recursos especiales para nuestra economía, los que deberán otorgarse. Y finalmente, nuestro ejército, mantendrá sus prerrogativas actuales”. Le consulté cuales era tales prerrogativas, “Corea del Norte, vive para su ejército”, fue enfático en su respuesta. Después nos informaríamos que efectivamente el 22% de su población, estaba adscrita a la defensa. Por lo demás, los pocos transeúntes que se veían en sus calles, usaban el uniforme militar.
Por la tarde, visitaríamos el Monumento del Partido de los Trabajadores (PC). Una torre de unos 50 metros, franqueadas por un conjunto de placas que daban cuenta de la solidaridad mundial. Una de ellas, de grandes proporciones, se destaca: “Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En solidaridad con el valiente Pueblo de Corea del Norte”. Nuestro guía, destacaba al Partido Comunista chileno con expresiones jubilosas, “ Ellos están presentes a través de esta hermosa placa que fue inaugurada por nuestro Camarada Kim Jong Il en presencia de una destacada delegación de su país”. Al día siguiente, en la mañana visita al edificio-palacio en que se encuentra embalsamado Kim Il Sung. Llegar a ese lugar impresiona todo, edificio, muros altos, bien construidos, elementos y otros diversos de uso del dictador comunista, carro de tren, automóvil personal, ropa, uniforme, silla, escritorio. Luego, despojándonos de nuestros zapatos, nos introducen en un túnel de viento, para evitar cualquier ingreso de insectos. Luego otra salita pequeña en que se nos dan las instrucciones finales: “Deben ingresar, saludar tres veces bajando su cabeza, avanzan al costado del camarada, tres nuevas inclinaciones, luego quedan frente a él, ahora serán tres inclinaciones y tres mas, caminarán a su costado, nuevas tres inclinaciones para luego volver a este lugar”. Kim Il Sung, sentado, sobre un hermoso sillón, piernas juntas, un brazo sobre la codera de su asiento, la otra mano sobre su rodilla izquierda, mira hacia el infinito desde la altura de sus ojos. El silencio es absoluto. En los costados cuatro guardias estáticos, sin ni siquiera mover sus ojos. Con el Senador Martínez, cumplimos al pie de la letra las instrucciones y salimos impresionados de ese lugar. Por la tarde, nuevas reuniones de trabajo, esta vez con el canciller. Nuevas aprehensiones con EEUU.
Todos los niños visten igual. Un pantalón azul, camisa blanca y un pañuelo rojo en el cuello. Frente a sus colegios, desfilan todo el día al compás de marchas militares. Observamos decenas de desfiles ordenados y marciales con niños de corta edad. Los edificios magníficos de las grandes avenidas, (amplias para servir de pistas de aterrizaje), están desoladas. Después supimos que están repletas de aviones de combate.
Después de tres días de trabajo, volvíamos a China para volar, ese mismo día a Seul. Había un interés enorme por los resultados de esta misión. Decena de periodistas nos esperaban en el aeropuerto. Después de una breve conferencia de prensa, nos reuníamos con las autoridades del parlamento de dicho país.
Es difícil imaginar Corea del Norte, sin que se haya visitado. Mas difícil comprender esa dictadura despiadada, destructora absoluta de la dignidad humana. Temo que la llegada del nuevo integrante de esta monarquía comunista no haga variar esa situación. Por lo demás, hoy es un pueblo que está convencido que su vida es la única del mundo. Nada saben de lo que ocurre más allá de sus fronteras y si existe hambre, es por culpa de EEUU y sus aliados, partiendo por la propia Corea del Sur. En ese convencimiento, su dominación es absoluta.
Esta realidad, es la que alienta la carta de condolencia del Partido Comunista chileno por el fallecimiento de Kim Jong Il. En esto, no hay segundas lecturas.

Mario Ríos Santander
Enero de 2012.

2 comments:

Anonymous said...

Magnífico relato, hecho de rápidas pero precisas pinceladas, que nos presenta un esbozo vívido - y terrible - de esa Korea arcana que mantiene su dedo en el gatillo como sistema de vida.

Raúl Olmedo D.

Mario Grez said...

Sin dudas, el ex vice presidente del Senado tiene muchas otras vivencias que compartir con este blog.