Monday, January 16, 2012

"Sabe a jabón, pero es queso..."



Fernando Villegas
Publicado en La Tercera

La misma vieja historia podría aplicarse a algunos círculos políticos y cívicos para quienes los incendios en el sur de Chile todavía es dudoso que hayan sido intencionales.

Una vieja historia cuenta de un dueño de rotisería, porfiado como él solo, a quien sus empleados sorprendieron masticando una pastilla de jabón. Se lo advirtieron, pero el fulano, obtuso, insistió en que era queso. "Tiene gusto a jabón, echa espuma como el jabón, tiene olor a jabón, pero es queso…", decía.

En cierto sentido, lo mismo podría afirmarse de algunos círculos políticos y cívicos para quienes los incendios en el sur de Chile todavía es dudoso que hayan sido intencionales. Podrían decir, estos escépticos, como el rotisero del cuento, que dichos incendios "tuvieron docenas de focos en su origen, huellas de acelerantes químicos en esos focos, partieron al mismo tiempo y se vieron intrusos rondando por los alrededores, pero no fueron intencionales…". Y si, presionados por la abrumadora evidencia, a regañadientes aceptan que "pudieron quizás haber sido intencionales", en ese caso rechazan terminantemente siquiera la insinuación de que los sospechosos principales han de ser necesariamente los grupos que en esa zona han estado desde hace tiempo en la faena de quemar propiedades. En este caso, en otra variante del cuento, podrían decir: "El grupo tal y cual anunció una etapa de quema de predios agrícolas, ha quemado ya predios y casas docenas de veces, quemaron un helicóptero para el combate de incendios y han estado desde hace años reclamando sus tierras ancestrales por medio de acciones violentas, pero no es la coordinadora".

NOSTALGIAS
Para los efectos de esta columna, en verdad importa poco cuál haya sido la organización política-étnica-anarquista-progresista o revolucionaria que estuvo tras esos incendios, si acaso local o importada de Concepción o Santiago. Lo interesante es la reticencia, la resistencia, la renuencia de ciertos sectores políticos a reconocer la autoría de hechos de esta naturaleza, su perenne disposición a negarlos, asumirlos como un "montaje" o luego, si eso ya no es posible, buscarles alguna clase de atenuante. ¿Acaso no ha habido parlamentarios que recientemente han intentado aminorar los crímenes de terroristas de izquierda -"combatientes", "comandantes", etc.- mediante la artimaña semántica de llamar a sus hazañas "hechos de sangre"? De acuerdo a esa lógica, los "hechos de sangre" son algo así como un evento tan impersonal como lo es un "hecho", sólo algo que ocurrió, desgraciadamente, en el curso de una heroica operación de liberación nacional. No, señor, los combatientes no querían matar a nadie, sólo que al disparar contra alguien se produjo "un hecho de sangre".

En el sustrato de esta resistencia a culpabilizar o siquiera responsabilizar a los hechores de actos violentos cometidos durante las "luchas sociales" hay una nostalgia política -que hoy no se atreve a pronunciar su nombre- asociada a un viejo cliché conceptual propio de toda doctrina, secular o religiosa, que se considera en un momento dado representando el progreso, la salvación, la justicia y la verdad. Ese cliché es la teoría maquiavélica de que el fin justifica los medios y de él deriva el doble estándar autorizando a algunos a proponer que hay crímenes "contra la humanidad" por un lado, pero meros "hechos de sangre" por el otro.

Instaurar la religión verdadera puede implicar matar a palos a los herejes; mientras menos vivan, menos pecan, de manera que lesa conviene. Es lo que decía Bellarmino. Por eso, salvar el alma de un pecador puede significar la necesidad de quemarlo vivo en una hoguera. Del mismo modo, construir el socialismo podía entrañar "liquidar a los enemigos de clase". En fin, luchar contra la dictadura o la injusticia o en todo caso por una causa superior tal como la definen sus iluminados puede implicar -"una verdadera pena, camaradas, pero es el costo del progreso"- matar a alguien a la pasada y/o quemar medio país.

He ahí el cliché; en cuanto a la nostalgia, esta tiene que ver con la gloriosa juventud en que dichos señores creían a pie juntillas en esa doctrina. Ahora, más viejos, más corruptos, a veces enriquecidos, bien vestidos, apitutados, con segunda vivienda en la playa y dos autos en la cochera, bonos, dietas, viajes y suculentos pagos por asesorías exitosas, ni el cuerpo ni el espíritu están disponibles para seguir en la lucha, pero al menos quedan fuerzas para un guiño de comprensión

1 comment:

Anonymous said...

Magníficas colocaciones,inteligentes, razonables. Apenas se le olvidó una bastante reciente . Dictadura ?? NÒ !! Gobierno militar...Atte. Eduardo