Wednesday, February 22, 2012

Protestas en Aysén


por Daniel Mansuy Huerta

ES difícil que las protestas de Aysén, más allá de las buenas intenciones, logren modificar de modo sustantivo la situación de nuestras regiones. Seguramente obtendrán algunas de sus reivindicaciones, todas importantes y acaso necesarias, y quizás logren también el ansiado subsidio a la energía. Pero hasta allí no hay mayor novedad, pues los actores sociales ya tomaron nota: el gobierno carece de criterios políticos que orienten su acción. La consigna, entonces, no puede ser más simple: pedir, protestar y abrazarse.

Con todo, sería injusto reducir lo que ocurre en Aysén a la lógica que han tenido otros movimientos. La Patagonia merece un tratamiento especial por una multitud de razones políticas, estratégicas y geográficas. La idea misma de nación -idea sobre la cual descansan todas nuestras acciones colectivas, aunque la olvidemos en el baúl- supone una determinada concepción del territorio y la manera de ocuparlo. En rigor, necesitamos a las zonas extremas mucho más de lo que ellas nos necesitan a nosotros, y eso ya lo entendía Pedro de Valdivia.

Ahora bien, la situación de las regiones es un ejemplo paradigmático de un problema que se repite con cierta frecuencia: llevamos demasiados años confiando en que el orden espontáneo tomará las decisiones en nuestro lugar. Sin embargo, en pocas cosas el mercado y la democracia son tan falibles como en la articulación entre territorio y población. Cuando recursos y votos se concentran en un solo lugar, no es difícil predecir un centralismo exacerbado.

En ese sentido, las dificultades de Aysén y de "Sanhattan" no son más que dos reversos de la misma moneda: si seguimos permitiendo que Santiago crezca indefinidamente, si no generamos los incentivos correctos para un desarrollo regional, de seguro habrá varios empresarios felices, pero no sé si realmente habremos ganado algo. Por mencionar un solo problema (pero se cuentan por decenas), es impensable siquiera intentar resolver las dificultades de segregación social -y por tanto de educación y desigualdad- en ciudades cuyo tamaño no guarda ninguna relación con el metabolismo de la vida humana. Los problemas humanos se resuelven a escala humana, no construyendo edificios cada vez más altos. Las ciudades deben adaptarse a nosotros (Aristóteles), y no a la inversa: es una cuestión política de primer orden, aunque nuestros hombres públicos no se percaten de su existencia.

No obstante, el resultado de los reclamos de Aysén puede ser el mismo que han tenido casi todas las reivindicaciones regionalistas: acentuar aún más el centralismo. Ocurre que la lógica de las demandas es siempre la misma: pedir ayuda de Santiago. Es inevitable por un lado, pues el poder reside en la capital. Pero hay también un síntoma preocupante: ¿puede haber algo más centralista que un regionalista plañidero?

Para salir del círculo vicioso es indispensable evitar los dos riesgos simétricos: las autoridades deben entender que les corresponde crear condiciones (no sólo cosméticas) que permitan un auténtico desarrollo de las regiones; pero éstas tampoco pueden quedarse en una constante actitud de espera respecto de la capital. Y no es exagerado decir que en ese dilema nos jugamos buena parte de nuestro destino.

2 comments:

Anonymous said...

òptimo tema y análisis.
Veamos : - En 1939 con la subida al poder de Don Pedro Aguirre Cerda y la creación de la Corfo; las provincias fueron desarrollándose paulatinamente con la ayuda de la Caja Agraria,después llamado de Banco del Estado de Chile. Se incentivó la ida de colonos a la patagonia.., se les ayudó con insumos, semillas, dinero etc. Ellos ( los colonos) ,tuvieron certificados de propiedad y se dedicaron a la ganaderia ( ovejas). Numerosas Islas fueron ocupadas y recibieron incentivos para botes, lanchas , motores etc. Todo ésto hasta 1950, cuando Gabriel González Videla retomó el modelo Neoliberal ( que en aquél tiempo no tenía ese nombre / ni era conocido así). Los Colonos Europeos de la región de Punta Arenas se enriquecieron en forma desmesurada, en detrimento de los própios chilenos que tuvieron travas y mas travas en el sistema financiero.Con la llegada de la dictadura, y la retomada de haciendas y minas por parte de las corporaciones económicas,hubo un éxodo gigante a las ciudades ( Iquique y Antofagasta en el Norte, Concepción y temuco en el sur, y algo absolutaqmente desmesurado en Santiago.Esto trajo con la llegada de la democracia, un hambre política por votos y mas votos..., eso resultó en el abandono de las regiones menos habitadas. Hoy lo ideal sería esciger los Intendentes y Gobernadores por votación popular, darle a las regiones libertad de auto-gestión,dejar sus recursos generados por ellos " CON ELLOS" ( dándole al gobierno central apenas una parte menor para eventuales calamidades,gastos con Ministérios esenciales ( RR.EE., Economía , hacienda , agricultura, Educación ,Salud,OO.PP. Así como está hoy sólo sirve para alimentar la corrupción, tener una clase politica medieval ( los cargos los partidos se los reparten entre parientes ( hace 40 años que los nombres son siempre los mismos, pasándose los cargos de diputados, senadores etc. de generación en generación.DESCENTRALIZACION ES LA PALBRA CORRECTA!!.
En la provincia de Arauco los precios de los combustibles son mas caros o tanto cuanto en Aysén..., Yá , Yá estaremos con protestas, huelgas, manifestaciones etc. Se puede engañar a las personas por años, pero jamás por toda la vida. Atte. Eduardo

Carmen Domínguez R-T said...

Lo primero es dar atribuciones reales al gobierno regional, intendentes y gobernadores, entrgándole la toma de decisiones y un presupuesto acode con necesidades.