Thursday, March 08, 2012

27F: Bachelet se equivocó antes, durante y después


Sergio Melnick,
Fuente: LA Segunda
La exhibición de los videos de la noche del terremoto ha causado una triste sensación pública. Finalmente murieron 525 chilenos más 25 desaparecidos, y quizás algunos o muchos podrían haber vivido. Hay varios altos funcionarios públicos procesados por la justicia, que demuestran que el manejo no fue apropiado, quizás negligente, al menos cuestionable. Para mí simple y claro: fue incompetente. La responsabilidad política final de tanto desacierto es sin duda de Bachelet, la entonces Jefe de Gobierno. La tremenda comedia de equivocaciones e incompetencia que ocurrió en esa oportunidad fue encabezada por Bachelet, como todos ya lo apreciamos en el video.

La Concertación, de manera airada, trata infructuosamente de defender lo indefendible de la ex Presidenta, como si ésta hubiese hecho una actuación impecable. Sostienen que se trata de una orquestada "maniobra" política para demoler la imagen de Bachelet. Pero lo claro es que lo hizo muy mal, tal como fue el caso del Transantiago, Sename, EFE, ENAP, la economía, la inversión, y tantas otras cosas que no vale la pena reiterar ahora. Ya habrá tiempo.

En el caso del terremoto, Bachelet se equivocó antes, durante y después.

Se equivocó antes, porque la ONEMI básicamente no estaba preparada para lo que debía haberlo estado, en un país que sufre recurrentemente de terremotos. El aparato estatal de emergencia, simplemente no funcionó como se requería, y esa era parte de su responsabilidad como Jefe de Gobierno. Es su trabajo, esa era su administración. La ONEMI estaba dirigida por una persona nombrada por Bachelet, que, en lo más elemental, no tenía las competencias necesarias para la función. Su especialidad eran las comunicaciones y no administrar las emergencias. Nadie entiende con qué criterio se la designó. Aun así, ahora sabemos que ella, con antelación, había mandado mails, solicitando financiamiento necesario para la ONEMI, al asesor más directo y personal de Bachelet, los que no tuvieron eco alguno. Bachelet -o el asesor- no entendía que el financiamiento de los equipos tecnológicos, sin recursos para instalarlos y operarlos, era exactamente lo mismo que no tenerlos. Bachelet, además, le echó la culpa del problema a la Universidad de Chile. Para la Concertación ella nunca es responsable de ninguno de los estropicios que generó, pero toda la evidencia de su mala gestión es elocuente.

También se equivocó durante el episodio, lo que en parte lo hemos apreciado en el video que muestra lastimosamente a la ex Presidenta mascando chicle, absolutamente desorientada, sin atinar a nada, y sin dejar tampoco que otros pudieran atinar, ya que de hecho el Presidente se transforma en el jefe del lugar una vez que aparece ahí. Lo que más le interesaba, al parecer, era un helicóptero para ir con periodistas al lugar, lo que era absolutamente inútil. Era sólo vistoso. Bachelet estuvo paralizada y simplemente frente a las dudas, no tomó la decisión evidente de decretar la evacuación, para lo cual, aunque fuese sólo como precaución, estaba ampliamente justificada por la magnitud del terremoto. Hoy, además, sabemos que la alerta de tsunami sí estuvo vigente por casi una hora. Pero nadie supo interpretar la información, nadie supo qué hacer, nadie supo qué preguntar, nadie hizo nada en definitiva antes de que fuese demasiado tarde.

Finalmente, Bachelet se equivocó después, ya que la experiencia señala que frente a esas tragedias las dos primeras grandes prioridades son tratar de garantizar el abastecimiento y la seguridad pública. Pero la ex Presidenta, por razones ideológicas añejas e inaceptables, simplemente no tomó las decisiones necesarias para garantizar la seguridad y todos fuimos testigos de los saqueos y otras graves situaciones en la zona, por un tiempo demasiado largo. Fue una vergüenza. Finalmente hizo lo obvio, que era acudir a la ayuda de los militares.

Hasta la fecha, Bachelet aún no habla de sus desaciertos en el terremoto. Tampoco ha respondido por la educación, y tantos otros malos manejos de su gobierno. Incluso en el tema del Transantiago trató de esbozar una justificación, planteando que su intuición le decía que la cosa iba mal, pero igual no tomó decisiones adecuadas. Ricardo Lagos dijo, asombrosa y cobardemente, que había sido perfectamente bien diseñado pero mal implementado. En fin. Nadie en la Concertación defiende a Lagos porque no es carta presidencial. Pero Bachelet sí lo es. Para mí, ojalá lo sea para que empiece alguna vez a dar las explicaciones públicas que necesitamos. La lista es muy larga.

Bachelet efectivamente tiene mucha popularidad, aunque ésta baja lentamente. Pero ahora ya sabemos que popularidad no es sinónimo de buen gobierno, y también ocurre al revés.

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