Monday, April 23, 2012

Coalición: Tanto va el cántaro al agua


Publicado en La Tercera, 23 de abril, 2012.



La disputa actual entre el PS-PDC y el PPD-PRSD-PC tiene más que ver con las cuotas de poder que con diferencias ideológicas.

Mientras más hablen del agotamiento de la coalición y más adviertan sobre su posible quiebre, más probable es que los liderazgos partidistas de la coalición terminen por matar a la ya alicaída Concertación. Como una profecía autocumplida, el fin de la Concertación será resultado de las equívocas decisiones que toman hoy los partidos que la componen que de las condiciones políticas que, por cierto, parecen especialmente favorables para que una fuerza que represente a la centroizquierda vuelva al poder en 2013.

Por más diferencias tácticas y estratégicas que puedan existir entre los distintos partidos, debiera ser una perogrullada recordar que hay más cosas que unen a la centroizquierda que motivos de división. En 2009, la obstinación de los poderes fácticos concertacionistas -y el silencio cómplice de fuerzas pro democracia ante el autoritarismo de la vieja guardia-llevó a la derrota de la centroizquierda. Desde entonces, la Concertación ha seguido cometiendo los mismos errores. Los esfuerzos de grupos que promueven primarias abiertas y competitivas han sido ridiculizados y abiertamente bloqueados por los viejos jerarcas. Para los poderes fácticos, una encuesta tiene más legitimidad.

La disputa actual entre el PS-PDC y el PPD-PRSD-PC tiene más que ver con las cuotas de poder que con diferencias ideológicas. El PS y el PDC aparecen decididos a un acuerdo entre cuatro paredes que termine con la proclamación por secretaría de Michelle Bachelet. El PPD, PRSD y PC están más preocupados de la repartición de concejalías. Ninguna de las dos facciones aparece interesada en defender las primarias abiertas y competitivas para escoger al abanderado de la oposición. En el Parlamento, las fuerzas de centroizquierda y derecha discrepan sobre los impuestos, pero se ponen sumariamente de acuerdo para mejorar sus regalías. Incluso, el rechazo popular a sus cuestionables decisiones los tiene sin cuidado. Después de todo, los cupos en el Parlamento se deciden en acuerdos de cúpula y no por la voluntad popular.

Anunciar el fin de la Concertación -que en algunos líderes de centroizquierda parece más anhelo que advertencia- no significa que automáticamente desaparecerá la demanda por una política social de mercado, moderada y gradual, con pragmatismo y compromiso social. Las elites concertacionistas se están peleando como miembros de un directorio sobre la estrategia que debe seguir la empresa. A su vez, el electorado de centroizquierda aparece propicio a que se produzca una toma hostil -como una oferta pública de acciones opuesta a la voluntad de los ineptos socios controladores- de la Concertación. La gente quiere una alternativa de centroizquierda, pero rechaza a los líderes que históricamente la han representado. Por eso, el candidato capaz de apropiarse del domicilio ideológico centroizquierdista será el gran beneficiario de la actitud autodestructiva de los partidos de la Concertación.

Precisamente porque los jerarcas partidistas quieren matar a la Concertación, el electorado terminará premiando a un candidato que promueva la unidad de la centroizquierda y que busque liberar a la Concertación de esos secuestradores que se apropiaron indebidamente de la representación de ese enorme caudal electoral que se identifica como moderadamente centroizquierdista.

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