Tuesday, April 03, 2012

RECUERDOS DE UNA VISITA PAPAL


En los días en que se cumplen 25 años de la visita del Papa Juan Pablo II a Chile, he creído necesario desclasificar los apuntes que tomé durante ese episodio de nuestra Historia, y específicamente respecto al encuentro de S.S. con el Presidente Pinochet en el Palacio de La Moneda, del cual fui testigo privilegiado. Pudieran existir algunas omisiones o consideraciones de carácter político que no conocí, como producto del cargo subalterno que desempeñaba en ese momento, pero esto es lo que vi y viví. Quizás la experiencia más impresionante de mi vida.
Se ha hablado mucho de la reunión en el despacho presidencial y posterior aparición de Juan Pablo II en el balcón de La Moneda. Aún cuando los que han opinado ocupan altos cargos en la curia romana o son actores relevantes en nuestra Iglesia y en la política nacional, hay mucho de mito y leyenda. Los protagonistas principales están muertos y nunca sabremos lo que pensaron ni lo que dijeron. Todo lo que sabemos ha sido “de oídas”.
Sin embargo dejo constancia, que jamás el gobierno trató de enlodar o interferir el programa propuesto por la Iglesia Chilena, y solo tuvo presencia en aquellos capítulos en que, por protocolo, debía hacerse respetar y estar presente. Pero tampoco, ante un país con cultura, podía aparecer que la figura del Papa era monopolio de la Conferencia Episcopal, la Democracia Cristiana y un grupo de ateos de la oposición de la época.
Curiosamente, hace unos días, en su visita a Cuba, y totalmente fuera de programa, SS Benedicto XVI visitó al decrépito tirano caribeño Fidel Castro, con el cual conversó por un importante lapso de tiempo, mientras desde una tribuna, en el mismo momento, una alta autoridad cubana gritaba al mundo que con la visita a Cuba del Papa no se iba a producir ningún cambio en el régimen opresor de la isla. Ningún medio de comunicación ahondó este desaire, y las autoridades eclesiásticas han guardado silencio. No habrá ninguna palabra de condena a la audiencia “sacada de debajo de la manga” y forzada, que el Papa le concedió al desvencijado déspota. La visita de SS no sirvió para nada. Y esto, nunca más se recordará en la forma persistente, intencionada y ridícula como se recuerda la aparición del Papa en el balcón de La Moneda. Nadie dirá nada.
En los primeros meses de 1987, el Ministro Secretario General de Gobierno, Francisco Javier Cuadra, me citó a su oficina en la Moneda y me dijo: “Hernán, viene el Papa a Chile. Como Director de Organizaciones Civiles tú debes organizar la adhesión popular en todos aquellos lugares en los cuales esté presente el Presidente de la República. Tienes amplia libertad de acción. Pero, lo más importante, no te metas con la organización que prepara la Iglesia. Ahí no tenemos nada que ver.”
Me caía un piano en la cabeza. Una rápida apreciación militar me llevó a tres escenarios: Aeropuerto de Pudahuel, la Plaza de la Constitución, y la despedida en el aeropuerto de Antofagasta.
Desafiante y difícil, pero bonita misión que llevaría a cabo con excelentes colaboradores.
Con esta tarea, pasé a integrar un Comité presidido por el Gral. Guillermo Garín, Jefe de la Casa Militar; Roberto Mardones, Jefe de de Prensa de la Presidencia; Benjamín Mackenna, y el embajador Mariano Fontecilla, Jefe de Protocolo de la Cancillería.
Lo primero que nos dijo Garín en esa reunión, casi textual y lo leo en mi agenda: “No puede existir ninguna descoordinación, ni menos roce con la Comisión Organizadora de la Conferencia Episcopal. Nada que pueda ser explotada políticamente y que afecte al Gobierno. Eso nos debe quedar muy claro. Solo se trata de darle una organización y orden a la adhesión popular en aquellos lugares donde esté el Presidente junto al Papa. Nada más”.
Para otros aspectos del programa, el Gobierno había designado al teniente Coronel Luis Clavel Matzen, como enlace con la Conferencia Episcopal.
Como era lógico, en esa reunión con el Jefe de la Casa Militar, General Garín, se analizaron cada uno de los escenarios, y el más importante sin dudas, era la Visita Papal a La Moneda, que fue fijada por la Comisión Organizadora… ¡ A las 8 de la mañana!
No quiero pensar mal, pero a lo mejor estimaron que a esa hora no iba a existir el marco adecuado de gente, y seguramente esta actividad sería un fiasco para el Gobierno.
Los hechos demostrarían lo contrario.
También en esa reunión se analizó, indudablemente - por el supuesto marco de público -, una posible salida del Papa al balcón de La Moneda. Siempre y cuando ese marco de gente justificara su aparición y la misma gente lo pidiera. Si no – fue muy claro Garín –, “esta carta no se jugaba”.
LLEGADA A CHILE. RECEPCIÓN EN PUDAHUEL
Bajo el frontis que da a la loza del antiguo Aeropuerto, y sobre ésta, caben 1.700 personas. En las afueras del terminal, ocupando el camino que va a Santiago, a ambos lados, 16.400. ¡Y las había! Los alcaldes, especialmente el de Pudahuel, Patricio Melero, había repletado la vía. No cabía una aguja.
En la loza, una ceremonia limpia e impecable. Sin ningún hecho bochornoso. El rito protocolar lo hemos visto cientos de veces por TV: El Papa asomado en la puerta del avión de Alitalia, con los brazos abiertos, el beso al suelo chileno, los saludos, los discursos, y el saludo a las Autoridades.
Terminado el ceremonial, Su Santidad en un gesto espontáneo se acercó a saludar al público reunido tras las vallas papales. Ahí estaban los niños quemados, víctimas de atentados terroristas, con sus máscaras de goma; los niños del Hogar “Mi Casa” encabezados por el Padre Ruiz Tagle; los niños de la Teletón. Un Papa muy emocionado los besaba y bendecía. Al final, Carmen Gloria Quintana, la joven quemada en un confuso incidente con una patrulla militar. Su presencia denotaba una clara intención política. El Pontífice entre confundido y sorprendido saludó y bendijo a la joven.
Habíamos empezado bien y la primera tarea había sido cumplida.

VISITA DEL PAPA AL PALACIO DE LA MONEDA
Creo que será la única vez en la historia de Chile en que un Presidente de la República invite a un acto en La Moneda, a las 05.45 horas de la mañana. O que se repartieran 11.000 invitaciones para concurrir a la Plaza de la Constitución. Nadie lo creía y hubo muchos llamados telefónicos pidiendo una aclaración o si estábamos seguros que no era una equivocación. Todos madrugamos ese día.
¿Por qué se repartieron tarjetones para ingresar a la Plaza de la Constitución que tanto han criticado siempre los políticos? Porque existían antecedentes que elementos extremistas de izquierda causarían disturbios, entorpeciendo la visita papal a Palacio. Seguramente esa previsión y confieso que no tengo los antecedentes, no se tomó posiblemente en el caso del acto litúrgico del Santo Padre en el parque O’Higgins.
La noche del 1° de Abril se durmió junto a los jóvenes de la Secretaría Nacional de la Juventud y del Instituto Diego Portales, en la Plaza de la Constitución. Nunca me imaginé dormir tapado con una frazada en un banco de dicho lugar.
A las cuatro de la madrugada comenzaba a llegar la gente, en busca de una buena ubicación, lo más cercana para poder ver al Papa. Lo mismo sucedía al interior de La Moneda. Somnolientos invitados copaban el Patio de los Cañones y el Patio de los Naranjos. Se producía un fenómeno interesantísimo, se mezclaban políticos con pobladores, generales con cadetes, periodistas, monjitas, curas, personas muy humildes, niños y jóvenes. Todos querían ver y saludar al Pontífice. Era lo contrario a lo afirmado por un político democratacristiano que afirmó a los medios de comunicación que “Pinochet había llevado a sus generales”. Mintió y desinformó descaradamente.
Recuerdo la entrevista del Santo Padre con el Presidente Pinochet.
Juan Pablo II acompañado por el Presidente, y más atrás, el General Guillermo Garín y el padre Stanislav Dziwisz, secretario personal de SS, ingresaron al despacho presidencial quedando estos dos últimos afuera, en la sala de Edecanes. Don Mariano Fontecilla y yo cerramos las altas puertas del escritorio del Primer Mandatario. Recuerdo perfectamente a ambos, mirando hacia la puerta esperando que se cerrara.
Pasados los 20 minutos previstos para la audiencia, Dziwisz se paseaba muy inquieto e incómodo, y golpeando el reloj le hacía ver su molestia al Gral. Garín, porque ésta se prolongaba más allá de lo acordado. Incluso quería interrumpir la reunión. Un impertérrito Garín, al cual no se le movía un músculo y con la serenidad que todos le conocemos le respondía textualmente al sacerdote:”Al Presidente no se le interrumpe”, provocando la ira del secretario papal.
La audiencia finalizaba a los 42 minutos. Ambos personajes salían muy tranquilos y sonrientes. El Papa se notaba grato. Ni un signo de incomodidad ni indignación, como afirmara recientemente un sacerdote en Roma.
“¿Cómo estamos?”, me dijo el Gral. Garín. “Con la Plaza de la Constitución repleta”, respondí. “Creo que el Papa puede salir al balcón. La gente está eufórica”.
Desde una oficina del Ministerio de Hacienda, asomado al balcón estaba el recordado “Gabito” Hernández, de radio “Agricultura”. Desde allí alentaba a la multitud que llevaba gritando desde la 6 de la mañana.
“Gabito, grita que Viva el Papa… haz sacar pañuelos blancos…que no paren de gritar por el Papa” le gritaba por el walkie talkie… “Córtala pus h…” recibía por respuesta.
La plaza de la Constitución era un solo grito y un mar de pañuelos blancos agitándose. El espectáculo era hermoso.
¡Cómo no iba a salir el Papa al balcón de La Moneda!
Y Gabito comenzó a rezar el Ave María, seguido por 11.000 voces.
En las reuniones de coordinación se había resuelto que si el Papa salía al balcón de La Moneda , el Presidente lo haría acompañando al Santo Padre. Lógico, si era el anfitrión del Sumo Pontífice, no se iba a quedar detrás de la cortina.
Saldría al balcón, pero con una salvedad, por ningún motivo al mismo nivel del Papa o junto a él. El Presidente lo invitaba a salir al balcón y él se quedaba un paso más atrás. Y así se hizo. Es cosa de mirar y analizar las fotos. El Primer Mandatario sale detrás de SS y a un costado de él.
Salía el Santo Padre al balcón de La Moneda, ante la insistencia de miles de personas, un paso más atrás, muy silencioso y sin hacer ningún gesto, lo hacía el Presidente de la República. La foto recorrería el mundo. Despedazarían al Gral. Pinochet o lo alabarían. Otros, por siempre, lo envidiarían, o no se lo perdonarían. Pero ninguno más tendría la oportunidad de retratarse con un santo.

DESPEDIDA EN ANTOFAGASTA
El 6 de Abril de 1985, en el Aeropuerto de Antofagasta, no recuerdo a qué hora, se despedía el Papa de Chile. Finalizaba una semana inolvidable en que el amor paralizó a nuestro país.
Junto a Mariano Fontecilla, Director de Protocolo de la Cancillería, nos costó – sin antes haber llamado a Santiago, en la desesperación -, convencer a un Oficial en el aeropuerto que nos debía dar las facilidades para instalar estrados, micrófonos, alfombras, balaustras, etc., porque desde ese lugar se despedía al Papa. “Así será, pero no he recibido ninguna orden, y mientras no me lo ordenen, ustedes no entran a la loza”. Lógico, la vida continuaba y salían y llegaban aviones de itinerarios. Final y lógicamente accedió.
También existía la idea de lanzar cientos de palomas al aire a la llegada del Santo Padre. Las teníamos a mano. Estaban los montones de trigo boliviano en un sector del puerto de dónde proveernos de palomas. Sin embargo, un portuario me acotó: “Tenga cuidado jefe, que con lo que comen, cuando las suelten se van a relajar y van a ser verdaderos bombarderos”. La idea no fue buena.
La ceremonia protocolar es la misma en todas partes del mundo.
¿Qué vi en esa oportunidad? Un Papa extraordinariamente afable con el Presidente. Agradecido, sonriente, cariñoso, a pesar del esfuerzo de algunos que trataban de impedir esta escena. Tras los saludos de despedida a las autoridades de gobierno, el Santo Padre invitó al Presidente Pinochet a saludar a los miembros de la Conferencia Episcopal.
Era increíble el milagro que producía el Papa. Ahí estaba sonriente el Obispo Camus, estrechando la mano del Gral. Pinochet, él mismo que había declarado que jamás le daría la Comunión. Ahí también, sonriente, el Obispo Hourton saludando amablemente al Primer Mandatario.
Sendos discursos en la loza del aeropuerto y un Papa emocionado y agradecido estrechaba y remecía insistentemente los antebrazos del Presidente. Al Sumo Pontífice no se le olvidaría jamás la visita a Chile. Desde el avión papal, un nuevo saludo al Primer Mandatario.
Se enrollaba el letrero “TOTUS TUUS”. El mismo que nos había acompañado por todo Chile.
Las ceremonias del Gobierno habían sido impecables.
Este es mi modesto homenaje a los 25 años de la visita del SS. Juan Pablo II a Chile.


Gral. HERNÁN NÚÑEZ MANRÍQUEZ

3 comments:

Anonymous said...

Ufff, que latitud...El video es más chispeante.

Anonymous said...

Si, y también se cumplen en los proximos días 100 años del hundimiento del Titanic....

Anonymous said...

Cocine las cabezas de pescado con agua, la cebolla, el ajo, zanahoria, pimienta y cilantro. Una vez cocidas cuélelas y use solo el caldo. Fría la cebolla y ajos picados, agregue el tarro de tomates picados con todo el jugo pero sin pepas. Cocine unos 6 minutos. Agregue las papas, perejil, laurel, caldo, sal y pimienta. Cuando las papas estén casi listas, agregue las presas de pescado que están marinándose en jugo de limón y pimienta.
Para servir espolvoree cilantro.