Sunday, May 13, 2012

MES DEL MAR


Raúl Olmedo Droguett
ALGO MAS SOBRE EL 21 DE MAYO DE 1879 Y LA REALIDAD MILITAR DE LA ÉPOCA.


1) De todo lo que se ha escrito sobre el combate del 21 de mayo de 1879 en la rada de Iquique ( conviene individualizarlo así, porque otro combate naval tuvo lugar allí en julio siguiente), pocas referencias encontramos sobre algunos hechos puntuales que se desprenden de la información conocida.

Para empezar, tenemos el “fuego de ametralladoras” que ambos comandantes de las naves peruanas, Grau y More (1), hacen constar en sus partes oficiales como recibido desde las cofas y cubiertas de la “Esmeralda” y “Covadonga“.
Es un hecho que las naves chilenas presentes en Iquique ese día no disponían de tal armamento. A esa fecha, “la única” ametralladora con que contaba la Armada de Chile se encontraba montada a bordo del “Blanco Encalada“. Vale decir, que ni su gemelo “Cochrane“, ni ningún otro barco chileno estaba dotado con ametralladoras a bordo en mayo de 1879.
Se recibieron recién, traídas desde Europa, ametralladoras “Nordenfeldt” a fines de julio y en agosto de ese año inicial de la guerra. Estuvieron instaladas y operativas en ambos blindados chilenos ese mismo mes de agosto, y por ende, sirvieron a su objetivo militar el día 8 de octubre, con ocasión del combate de Angamos.
Es muy real, no obstante, que tanto el “Huáscar” como la “Independencia” recibieron, el día 21 de mayo, fuego nutrido de fusilería desde los barcos chilenos. Al extremo de que ambos comandantes peruanos lo confundieron con el de ametralladoras. ¿ Como se explica aquello ?
Algunos historiadores atribuyen lo anterior al uso del fusil de repetición “Kropaschek” de 11 mm. con que se dotó a la Armada algo mas tarde.
Hablamos ( y se cuenta con abundantes ejemplares en el Museo Naval, que pueden ser examinados) de un fusil “Gras“, francés, semejante a aquel modelo 74’, monodisparo, que utilizó la Guardia Nacional movilizada durante esa guerra, pero mejorado a un sistema de repetición de 5 tiros. El “Gras“ de cerrojo, así modificado, o tipo “Kropaschek” permitía una cadencia de tiro notable.
Pero ocurre que el 21 de mayo ese fusil “Kropaschek” no figuraba entre el armamento menor con que contaban las dos naves chilenas que bloqueaban Iquique. Sus tripulaciones y guarnición solo disponían del “Comblain II”, de 11 mm., modelo 1873, de cierre vertical, monodisparo.
Esos “Comblain II”, diestramente manejados por el sargento Olave y sus cuatro tiradores escogidos desde la popa de la “Covadonga“, según destaca de los relatos y partes del combate, lograron silenciar la pieza solitaria, o “coliza” de 250 lbs. instalada a proa de la “Independencia“. Y aunque distintos relatos conocidos nos informan de aquello, no todos se dan por enterados de que Olave y sus tiradores estaban asistidos por un grupo de soldados y grumetes que recargaban con presteza tales Comblain II y se los iban pasando a los tiradores “escogidos“, listos para hacer fuego, recibiendo de sus manos los fusiles ya descargados. Seguramente se obtuvo así, al menos en la “Covadonga”, la alta cadencia de fuego que confundió a los comandantes peruanos.

No sabemos si igual procedimiento se empleó ese día glorioso desde las cofas y amuras de la “Esmeralda“. Pero no hay duda de que los marinos y soldados de guarnición instalados allí se las arreglaron de alguna forma para producir - con fusiles de un tiro - esa cortina tan continua de balas de 11 mm. dirigidas al “Huáscar“, que engañó a Grau sobre su origen.

Digamos de paso que todos los soldados del Ejército que formaban las guarniciones a bordo de las naves de la Armada, pertenecían al regimiento de Artillería Naval, llamado “Artillería de Marina”. El mismo que, terminada la Campaña Naval, se va a incorporar al Ejército Expedicionario y a participar con gran brillo en las batallas de Tarapacá, Tacna, Chorrillos y Miraflores a lo largo de las campañas de Tarapacá, Moquegua y Lima.
El Ejército de Chile, como sabemos, no contó con armamento de repetición para su infantería en la Guerra del Pacífico. Los infantes fueron dotados con los fusiles monodisparo “Comblain II” (belga), modelo 1873, con sable-bayoneta, y “Gras” (francés) 1874, con bayoneta-espadín, ambos de 11 mm. (aparte de los anticuados “Beaumont” de avancarga, sistema “Minié”, que se utilizaron sólo para instrucción y manejos). Una decisión inexplicable del gobierno chileno, pues existían ya entonces en el mercado distintos modelos de fusiles de repetición. Entre ellos, los Dreyse y Winchester ya probados exitosamente en las guerras franco prusiana de 1870 y ruso turca de 1877-78. La caballería si contó con armamento de repetición : las eficaces carabinas “Spencer” y “Winchester” de 0.44” (2)
Una parte de los “Gras” adquiridos por Chile en 1879 tenía sus recámaras fabricadas para un tipo diferente -mas corto - de vainilla de 11 mm. Fueron “recamarados” de urgencia en Francia antes de su embarque, y se dio por superado el problema. Quizás habría que relacionar con esa modificación de última hora el hecho de que el cerrojo y mecanismo de eyección de muchos de esos “Gras” se trababa con el fino polvillo de la arena del desierto. Lo que solucionaron los mineros del “Atacama” mediante el simple procedimiento de orinar sobre ese mecanismo, logrando un destrabe inmediato. Superada la emergencia, las armas se limpiaban y engrasaban nuevamente.
El expedito sistema atacameño, que necesariamente requería orina a la temperatura del cuerpo, fue mas tarde puesto en práctica por todas las unidades de la Guardia Nacional que utilizaron el fusil “Gras” durante el conflicto (F. Machuca “Las Cuatro Campañas“). Ocupada Lima, el “Gras” fue retirado y enviado para uso de las tropas que se batían en ese momento con la nación mapuche alzada en la Frontera. Las unidades de infantería que continuaron combatiendo en la Sierra peruana hasta 1883 lo hicieron, mayoritariamente, con el “Comblain II”.



2)
Otro detalle que se discute entre iniciados, en relación a la gesta del 21 de mayo, es el uso de artillería contra barcos ya inermes, con resultado de numerosas bajas en el caso de la “Esmeralda“. Lo realizó así el “Huáscar” mientras la corbeta se mantuvo inmóvil en su primera posición, y luego entre el primer y segundo espolonazo , en circunstancias de que la nave chilena estaba ya en las últimas, bastando un empujón para enviarla a pique. Y por su parte, también lo hizo Condell, contra la “Independencia” ya encallada en Punta Gruesa y tumbada sobre su banda de estribor, aunque - en su caso - causando escasas bajas enemigas.
Los dos comandante aludidos no eran personas desconsideradas o crueles, y definitivamente, ninguno de ellos perdió la calma durante sus respectivos enfrentamientos. ¿ Que ocurrió, entonces ?

En el caso de Grau, según consta de su parte, influyó primero la información - errónea, pero la única con que contaba en esos momentos - de que la “Esmeralda” se encontraba protegida “por una línea de torpedos”. Vale decir, minas, o explosivos de algún tipo sumergidos en el mar, fuera de la vista.. Ello obligó inicialmente al almirante peruano a disponer un bombardeo a distancia. Pero una vez que la corbeta chilena debió cambiar de ubicación, para evitar el fuego que desde tierra le hacía la artillería del Ejército Peruano - y quedó claro de que no contaba con protección de ese tipo - el “Huáscar” procedió a embestir en un primer espolonazo.
Golpe que fue a medias esquivado, aunque igualmente produjo un rumbo de agua en el costado de babor de la Esmeralda, entre el mesana y la popa. El comandante peruano debió advertir que la nave chilena apenas se movía y era ya una presa casi inerte. Y no obstante, además de haber descargado su artillería “a toca penoles” en el momento del choque, prosiguió con el bombardeo, causando fuertes bajas en la tripulación chilena. Sabemos que Grau era un tipo sensato y de probados sentimientos humanitarios, que hubiera evitado causar bajas innecesarias. Y sin embargo, decidió continuar disparando sus piezas de 300 lbs. sobre el buque chileno ¿ Por que ?
El mismo lo explica : lo hizo así por doctrinal, en primer término. Porque así correspondía de acuerdo a las tácticas navales de combate en la época.
Y estaba en la razón, pues durante los instantes en que el “monitor” hizo contacto con la “Esmeralda” con ocasión de ese primer espolonazo, recibió el abordaje de Prat y Aldea - que debió ser de muchos, si las condiciones lo hubieran permitido - además de nutrido fuego de “ametralladoras” y “ bombas” en su cubierta.
Bombas, tal cual. Lo explicita claramente el almirante Grau en su parte. Y se refería a una situación muy real, por cierto.
Se trataba de bombas de mano - hoy las llamaríamos granadas - que las tripulaciones de los bandos en lucha arrojaban a la cubierta enemiga cuando la distancia lo permitía. No lo hizo la tripulación del “Huáscar” en Iquique porque el blindaje de su nave les facilitaba mantenerse fuera de la vista y a cubierto durante el combate. Pero si lo efectuó así el personal de la corbeta chilena, que se batía a pecho descubierto en un buque de madera.
Una práctica bélica usual, por cierto, aquello de las bombas arrojadas a mano en el momento de contacto entre naves, parte del entrenamiento de combate de las tripulaciones.
De hecho, uno de los ejercicios practicados constantemente en las naves chilenas - entre otros muchos - era el llamado “rechazo de abordaje”, que incluía el apresto y lanzamiento de tales bombas a la cubierta enemiga. Además de la acción decidida de la marinería manejando hachas para cortar espías u otros medios de ligazón, sumado al fuego de fusilería y armas de puño.
Eran artefactos algo primitivos, tales bombas de mano, que se encendían mediante mecha de tiempo. No explotaban por contacto, entonces, y su aplicación era derechamente antipersonal. Vale decir, destinados a abatir a la tripulación enemiga. Seguramente esparcían granalla y sus propios fragmentos al explotar.

No encontramos casi referencias a esta arma y su aplicación en los relatos navales de la época. Pero nosotros disponemos de un antecedente de primera mano :
la copia fiel del libro bitácora de la “Chacabuco”, entre octubre de 1879 y marzo de 1881, escrita de puño y letra del aspirante Mateo Olmedo con autorización del comandante de esa nave, capitán entonces de fragata Oscar Viel.
El joven aspirante hace constar allí - como en toda bitácora - el detalle de las incidencias y labores cumplidas diariamente a bordo. Desde el “aseo” (lavado de ropa) de la tripulación hasta la limpieza de coyes y su trincado, pasando por todos los “zafarranchos” imaginables, que incluían aquel citado de rechazo de abordaje. Asimismo la instrucción constante al personal, con repetición casi infinita de los ejercicios y prácticas. Sin omitir tampoco las escasas ocasiones en que, gracias a esporádicas entregas, se disponía de verdura, fruta y carne fresca para el rancho, esquivando con ello, por uno o dos días, el menú obligado de legumbres y la aborrecida carne salada en barricas.
Se hace constar allí - como aparecerá en otras bitácoras de la época, ciertamente - el apresto de tales bombas de mano por parte de los encargados de dar fuego a sus mechas y arrojarlas, así como del accionar del oficial encargado de vocear la orden respectiva.
Y en su diario personal, íntimo, la narración de lo que impresionaba, en cuanto al despliegue naval chileno en esa emergencia bélica, a un muchacho de dieciséis años sin previa experiencia militar. La disciplina de hierro impuesta por Viel en la “Chacabuco“, sin excepciones, y el enorme respeto que imponía a su gente. El júbilo y los empavesados en los mástiles con ocasión de los triunfos del Ejército en tierra, así como la desilusión de todos por las fallidas oportunidades de combate en el mar, ya sin naves peruanas que enfrentar. El sobresalto constante vivido durante el bloqueo a Arica y el tedio tropical, abrumador, durante aquel sobre Mollendo. La venturosa captura de un enorme tiburón en ese último puerto - que contribuyó a un aplaudido cambio en el menú de la corbeta ese día - así como la notable destreza de la gente de mar en el uso de los aparejos y equipos de la nave. También su entrega y fervor combativo, traducido en “mandas“ colectivas a la Virgen del Carmen para procurar a la “Chacabuco“ un enemigo naval en ánimo de combate.

Grau, pues, sabía que en un segundo espolonazo la tripulación de la “Esmeralda” intentaría desesperadamente tomar su nave al abordaje. Y para evitarlo, continuó el bombardeo con el doble propósito de aniquilar la artillería de la corbeta en sus portas y causar bajas entre los que se preparaban a ese asalto. Legítima acción de guerra, aunque uno de sus tiros pulverizó a los grumetes menores de trece años que Prat había hecho bajar a la enfermería para mejor resguardarlos.

Decíamos que Condell también cañoneó a un enemigo casi inerme, en Punta Gruesa.
Si la “Independencia” se encontraba a esas alturas montada sobre una roca, con sus fondos abiertos e inundándose, al extremo de que pocas horas mas tarde el propio Grau, dando la nave por perdida, ordenó incendiarla… ¿ Para que disparar sobre ella ?
Pues por la simple razón de que Condell desconocía, en esos minutos, la gravedad de los daños que afectaban a la fragata enemiga.
Cabe ponerse en su pellejo : una de las dos únicas naves peruanas que representaban un real peligro para los buques chilenos - es decir, el 50% del poder naval enemigo - acababa de embestir un arrecife o roca sumergida en pleno combate, quedando, a pocos cables de distancia, tumbada a estribor y en consecuencia, con su artillería inutilizable, apuntada al cielo o al agua en ambas bandas. Un joven capitán de corbeta, comandando una pequeña y anticuada cañonera de madera capturada a España trece años antes, ve ante si esa oportunidad única, soñada para cualquier oficial naval en un conflicto. El no sabe en esos momentos, ni puede dimensionar desde su puesto de mando en la “Covadonga”, la situación real de la “Independencia”. Quizás los daños son menores, y pueda ser puesta a flote con ayuda de la marea y otra nave, o hasta liberarse por sus propios medios en cualquier momento.
Así pues, no duda, y hace lo que la lógica indica. Vira y cruza frente al gigante inerme, a poca distancia, y abre fuego con sus pocas piezas contra la cubierta de la fragata blindada. Es obvio que intentaba alcanzar las máquinas o la santabárbara, para producir daños irreparables a la nave enemiga. No sabe que ambos puntos vitales ya se encuentran inundados. No pretende dañar a la tripulación enemiga, así es que no utiliza metralla, sino granadas. De hecho, la “Independencia” tuvo sólo siete bajas fatales en la jornada.
Se entera entonces Condell de que el enemigo está fuera de combate mediante los gritos provenientes de la “Independencia” en que se pide suspender el fuego y se informa que el buque está rendido, a la vez que se iza bandera blanca en una driza.
Lo que sigue es explicable : sus jóvenes oficiales, jubilosos y excitados por el combate, con cuatro bajas a bordo incluyendo al cirujano, instan a Condell a disponer que se arríe una chalupa para llevar un piquete hasta la nave tumbada con tres objetivos clarísimos : capturar el pabellón enemigo, hacer prisioneros a su comandante y oficiales y - lo mas importante - poner fuego al pecio.
Están disponiendo la maniobra para ese objeto cuando la súbita aparición del “Huáscar” en demanda de intervenir en la acción pone fin a la escena, y la “Covadonga” toma, como puede, rumbo hacia Chile y a la gloria.

La rendición de la “Independencia”, y en especial el hecho de haber izado bandera blanca, ha sido puesto en duda por historiadores peruanos. Pero consta no sólo del parte de Condell y el testimonio de su tripulación, que es para los chilenos argumento suficiente. También se cuenta con la documentación conformada por los autos del proceso que el presidente Prado hizo instruir al comandante More, en Arica. Proceso en que se le acusa exactamente de aquello : de haber perdido la nave por su torpeza, y luego rendirla izando bandera de capitulación.
Pobre More. Vio su carrera arruinada y su honor por los suelos. Murió como un valiente el 7 de junio de 1880.

Los documentos del proceso que aquí se cita, junto a los archivos civiles y militares existentes en la plaza, cayeron íntegros en poder de las tropas chilenas que en junio del siguiente año 1880, a las órdenes directas de Pedro Lagos Marchant, asaltaron y tomaron el Morro y la ciudad de Arica.



3) Algunos guarismos que no siempre vienen a la memoria en relación a ese día 21 de mayo de 1879 son los siguientes :


* La “Esmeralda” contaba con 17 grumetes en su tripulación usual. Pero ese día se encontraban a bordo de la corbeta otros 17, totalizando 34. Eran estos últimos los muchachos de menos edad (12 y 13 años) que prestaban servicio en los diferentes buques de la escuadra, y a quienes el almirante Williams optó por hacer transbordar a la “Esmeralda” para resguardarlos del riesgo que implicaba su proyectado asalto a El Callao. Sobrevivieron sólo cinco de esos treinta y cuatro. Las 29 bajas se explican porque los mayores de 14 años se batieron mano a mano con la marinería, y los menores - resguardados en la enfermería - fueron aventados por una granada de 300 lbs. que también liquidó a los numerosos heridos que estaban siendo atendidos en ese lugar.


* Cayeron en combate ocho oficiales de la Armada ese día : tres de cubierta, Prat, Serrano y Riquelme. Cuatro ingenieros, Hyatt, Gutiérrez, Manterola y Mutilla. Uno de sanidad, Videla (en la “Covadonga”)


* Los oficiales que libraron con vida en la “Esmeralda” fueron Uribe, Sánchez, Fernandez, Zegers, Wilson, Guzmán (sanidad), Goñi (contador) y Hurtado (Ejército).
Pero cabe considerar además a Agustín Cabrera, ingeniero civil encargado de las labores del rastreo del cable submarino en la rada, a quien el combate sorprendió a bordo. Prestó servicios en la acción, de acuerdo a lo que le indicó el comandante Prat. Se le otorgaba rango de oficial para efectos de su trato con la tripulación, alojamiento y rancho, e igual consideración recibió por parte de los mandos peruanos.




1) El apellido, de origen inglés, es More. Y no Moore, como suele citarse en Chile.

2) Recordemos que, hasta hoy, los calibres de las armas europeas ( y ahora también las medidas de las piezas y partes de los automóviles) se expresan en milímetros, y los de aquellas fabricadas en los Estados Unidos de América, en fracciones de pulgada.
Los calibres de 0,44” y 11 mm. son, pues, muy parecidos en un simple examen visual, pero bien distintos al momento de introducir la munición en la recámara y disparar.
Durante la batalla de Miraflores, el 15.01.1881, algunos batallones de la Reserva Peruana recibieron y utilizaron la munición equivocada para sus fusiles, con la obvia consecuencia de trabazón e inutilización del armamento en pleno combate.

2 comments:

Anonymous said...

Parabienes . Excelente crónica y en extremo didáctica..., estas cosas no se aprenden en clases de história, ni en primária , ni en secundária ( talvez en la Universidad para alumnos de história y geografía ??). Ojalá El So. Olmedo continúe a regalarnos estas primicias . Atte. Eduardo Sáez Maldonado.

Carmen Domínguez R-T said...

!Bienvenido Sr. Olmedo¡
Lo extrañamos.