Monday, June 04, 2012

BACHELET Y SUS CADÁVERES



Por Carlos Iturra ( @CarlosIturra_ )

En algún lugar de Italia se encuentra abierta una exposición donde se exhibe el cadáver de Berlusconi dentro de una urna de cristal. La obra o la exposición se llaman “Lo que toda Italia quiere”, y como se ve, ni siquiera es necesario verla para que la idea cause gracia.

Pues Bien, Bachelet también está viva, pero no dentro de un ataúd transparente como su colega italiano, el cual, después de todo, nunca fue responsable de la muerte de nadie, mucho menos de ciento cincuenta. Pese a ello, el ejercicio de darla por muerta es eventualmente clarificador…

La única posibilidad que tienen los restos de la Concertación para volver al Gobierno, se llama Michelle. Pero es el triste caso, para ellos, de que hoy día “se llamaba” Michelle, dado que está muerta o en proceso de morir –o de descomponerse, incluso, según como se mire.

El colosal fracaso del Transantiago no le hizo mella, así es la mamitis del chileno. Pero esto de verla dando terribles palos de ciego ante una emergencia catastrófica, ya es demasiado.

No hará cambiar la opinión de los que la blindan ni de sus fans más fanáticos, pero el hombre de la calle, esa masa indiferente que hace de telón de fondo a los comprometidos y a los militantes, abre un ojo, reacciona con asombro y exclama “No es aceptable: Bachelet simplemente no se la pudo, estaba toda tupida mascando su chicle y diciendo que No cuando era Sí…”

En una foto retuiteada por Pedro Cayuqueo he visto un tenebroso afiche donde se ve el rostro de la ex mandataria corroído por nubes negras, como pústulas, producidas por el carbón de no sé cuántas centrales que ella autorizó: por uno u otro motivo hay múltiples sectores que se sintieron ofendidos por su gobierno, como los propios mapuches, o defraudados, más allá de esta gigantesca gota rebalsadora que fue el tsunami.

Súmese todo y agréguese lo que viene. Un previsor tuitero de izquierda avizoraba incluso señoras encadenadas a los tribunales exigiendo justicia por sus muertos y desaparecidos en el desastre…

Y estarían en todo su derecho, incluso a indemnizaciones millonarias por parte del Estado.

¿Qué tal esa viejita que vivía con su hija y familia, y que los perdió a todos, y todo? No sé si sobrevivió sola o con una nieta…

Precisamente, lo duro de roer en este hueso es que, no importa cuántos “montajes” se le atribuyan a la derecha y el Gobierno, detrás de los evidentes videos, del testimonio aplastante del alcalde de Juan Fernández, detrás de cualquier parafernalia, lo que hay es dolor, hay auténtico y legítimo dolor, sufrimiento, pena, horror incluso, cómo no, en todos quienes podrían estar hoy junto a seres queridos que las palabras increíblemente poco prudentes de la Presidenta entregaron a las aguas.

No es fácil contra argumentarle a la gente con dolor, y no será este columnista el que los llame a reflexionar que lo peor del caso, para la política, no es la cantidad de muertos y desaparecidos, sino la ausencia de “gobierno” en el momento preciso en que se requería.

¿Qué cabeza –hablo del ciudadano corriente, no de los ya afiliados- resiste la idea de volver a poner el timón en manos de quien estamos viendo cuán malamente lo usó a la hora de los quiubos?

La política de “no hacer nada” le granjeó a la ex presidenta su popularidad –el que nada hace nada teme, ni siquiera meter la pata-, pero resultó ser exactamente la política errada el día del tsunami: ahí había que hacer, y ni siquiera eso, ¡decir! Decir las palabras correctas, atinadas, juiciosas, prudentes, “¡Corran!”, y se habrían salvado muchos chilenos.

La señora Bachelet debería comprender esto y no volver a prestarse a candidata, porque ya no es para nada una carta segura, porque se le reprocharán hasta el cansancio las tremendas embarradas de su gobierno y porque mucho más contentos y hasta orgullosos podría dejarnos a todos si, en vez de estorbarle el paso a un nuevo gobierno de centro derecha, que sí es seguro, escala otro poco en la ONU y llega a la presidencia de allá…

Con tal que no la salpique en exceso su presidencia de acá.

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