Wednesday, June 20, 2012

La Etica y el Capitalismo deben ir de la mano




escrito por Karin Ebensperger

Adam Smith publicó en 1772 “La riqueza de las naciones”, fundamento teórico del capitalismo y origen del sistema de economía de mercado actual. Pero se suele olvidar que Smith publicó también tratados sobre ética, y que él impartía el curso de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow. En esos tiempos, la Economía Política -sabiamente- formaba parte de la filosofía moral que incluía comportamiento humano, ética y jurisprudencia. Se estudiaba al ser humano en forma integral, no sólo como consumidor.

Smith decía que la ética debe estar inseparablemente unida al capitalismo, pues de lo contrario éste se desvirtúa y se aleja del bien común. Explicaba que “no es aceptable enriquecerse de cualquier forma, debe hacerse de manera legítima, de acuerdo a principios morales”. Smith observó que el libre mercado no se creó, sino que se fue desarrollando debido a la superioridad del orden espontáneo sobre el decretado. A través de los siglos y por un sistema de prueba y error, por descarte, se hizo evidente que los pueblos que respetan la iniciativa privada, la propiedad y los contratos, se tornan más prósperos. Fue un proceso histórico, no una imposición.

Sin principios como la honestidad, se rompe algo esencial para el modelo de mercado: la confianza. Quienes ahorran, es decir millones de personas que quieren asegurar su futuro y que aportan así el capital al sistema, empiezan a temer por sus depósitos. Sin confianza se reducen los recursos, viene el desempleo y cae el bienestar. Los que no creen en la ética en sí misma, deberían entender aunque sea por razones pragmáticas, que su falta produce la temida desconfianza.

Volvamos a Adam Smith: cuando se refiere a la “mano invisible”, quiere decir que los esfuerzos del empresario, guiado por sus propios intereses y por la legítima ganancia, sin que él lo advierta promueven la riqueza y el bien común con más eficacia que si una planificación estatal impusiera la forma de producir. Pero también con mucho énfasis, Smith destacaba las obligaciones de índole moral que tiene el Estado de aplicar regulaciones y de proteger a los más débiles. Todos conceptos olvidados en los casos Enron, Madoff o en Chile en la colusión de las cadenas farmacéuticas para subir el precio de medicamentos esenciales.

Adam Smith jamás defendió la idea de una sociedad guiada por la moral del máximo beneficio al mínimo costo sin respeto por el ser humano. De hecho, despreciaba la idea de riqueza sólo centrada en el dinero. En su “Teoría de los Sentimientos Morales” aclaró que si bien las personas persiguen sus intereses, eso no es sinónimo de un egoísmo desenfrenado: "por muy egoísta que se suponga a las personas, hay algo en su naturaleza que los insta a preocuparse por la ventura y felicidad de los demás, no obteniendo de ello otro beneficio más que el placer de observarlas". Tal vez sería bueno que en las facultades de economía se empiece a enseñar el aporte integral de Adam Smith, y el alto concepto que él tenía de la solidaridad y la compasión.

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