Friday, September 07, 2012

De tiempo, en tiempo


Días pasados se celebró en el país los 60 años del sufragio femenino. Pienso que darle significado a este episodio, bajo una mirada actual, por encima de lo que el hecho representa en si mismo, daría como para que cualquiera le instale un letrero colgado al cuello con una leyenda escueta “Cuidado, orate suelto”. Pero, ese lapso, de “ayer” tan sólo en lo que va corrida la historia de la humanidad, fija un hito que representó finalmente para ese género un denodado esfuerzo y sacrificio en aras de alcanzar esa conquista –digámoslo- de orden social. El anecdotario de la época – recuerdo haberlo oído repetir muchas veces - recoge frases notables de personajes que no les cabía en mente la idea, y acotaban : “si en Chile ya hay un millón de inconscientes, ahora habrán dos millones…” Otros, más abyectos, en el rezongo hacían el siguiente símil “…le entregaría Ud. una locomotora a un niño…”.

Bueno, nombres como Elena Caffarena, María de la Cruz, primera mujer en llegar al Senado de la República arropada en esta bandera y en sus propuestas del Partido Femenino (le duró poquito si el mandato. Fue desaforada al poco andar como consecuencia de un sumario aduanero), la mismísima Rosa Markman de González Videla, en fin, fueron grandes y valiosas luchadoras para que la mujer tuviere una participación activa e incumbente en el quehacer de la vida nacional. Está claro que después vinieron otras, Inés Enríquez, Ana Eugenia Ugalde, Julieta Campusano, María Elena Carrera, por nombrar algunas sin saltarse todas las beldades que hoy conforman el Congreso Nacional y las más diversas reparticiones públicas, si no es en forma mayoritaria, en todo caso, muy a la par de la integración masculina.

Recuerdo otro hecho relevante para la causa que comento pero ocurrido muchísimo tiempo después. Fue para cuando milité en un colectivo político que en sus inicios parecía ser un ente de amplio espectro y democrático. Hoy sus militantes se cuentan por lotes o tribus. Pero allí, en el contexto de sus orígenes, se acuñó y tuvo una tremenda acogida la discriminación positiva. Fue un viejo dirigente político su autor. Decía que la mujer siempre se sentiría discriminada por el hombre, de modo que para no eludir la afrenta, le asignaba el calificativo de positiva. En su virtud se privilegiaba la integración de la o las militante(s) con uno, dos o tres cupos en cualquiera de las instancias partidarias, ganara o perdiera la justa interna. Graciosamente, al no mucho andar, la aprensión del viejo político se cumplía a cabalidad, claro si, que cuando ya el contingente femenino tenía bastante copada la directiva del partido. Y así se eliminó la denominada “discriminación positiva”. Se adujo la más simple de todas razones: era una forma encubierta de discriminar;… que se sentían miradas en menos….

Ninguna duda cabe ya la ganancia territorial para el genero femenino. Como diría el huaso “ quien las viera y quien las ve hoy, Dios las guarde”. Y de otra parte, los hombres, acomplejados por el inmemorial motejo de “machistas”, miramos este panorama, en actitud contemplativa, inherente ya a lo que efectivamente responde al sexo débil, casi ya acostumbrados a perder y ceder. Pero no tiene importancia. No da ni para extraer una lección. Un cómodo conformismo nos reconforta. Si ellas quieren “llenarse la cachimba de tierra”, ¡allá ellas! Contentémonos entonces “con tomar palco” y miremos como se desenvuelven.

Una connotada dirigente estudiantil de izquierda, hace poco, acuñó una novedosa corriente política: “los fascistas de izquierda”. Existe bastante ya literatura sobre la materia. Me ahorro el comentario, entonces. Por otra parte, nadie olvida a la ex Presidenta en las oficinas de la Onemí la madrugada del 27 F. Lo único que le faltó fue incorporar “a su tertulia”, los palillos y un tejido y unos cuantos comistrajos para amenizar el paso de las horas. Y allende los Andes, la mujer de Barack Obama, la otra Michelle exaltando las masas en la Convención Demócrata, revelando, al mismo tiempo, intimidades de su matrimonio en pos de afianzar la reelección de su cónyuge para un segundo período en la Casa Blanca.

De verdad, a ratos sobrecogen y se estimulan deseos de observarlas con una leve inclinación de cabeza y en movimiento para manifestarles ¡ son unos encantos! Sin embargo, ¡ahí están! Constituyen ellas y el resto, una fuerza incontrarrestable en todos los ordenes del quehacer humano, los espacios se los han ganado con talento y se permiten que las traten de TU en cualquier disciplina y se han mostrado y demostrado a si mismas y al resto de la humanidad cuanto más capaces y disciplinadas son en la mayoría de las funciones que en otrora estaban reservados exclusivamente para los hombres.
En verdad, no se qué me dio por rendirle este homenaje a las mujeres del mundo.


Armando Jaramillo Lira

4 comments:

Anonymous said...

Como sea, es muy bueno haber recordado la efeméride.
Pobres chicas. Desde la Biblia que son consideradas como meros objetos de relativa utilidad. Ninguna religión monoteista las considera siquiera en sus cuadros cupulares, y - aquí en Chile - la inmensa mayoría son aún golpeadas, abusadas y tratadas como ganado. Ni hablar de las oportunidades a su alcance.
Gracias por recordarlas con respeto.

R. Olmedo

Mario Grez said...

Pareciera que el solo hecho de tener que recordar como un hito la participación femenina en política y otras actividades, ya es un sesgo de machismo.

Carmen Domínguez R-T said...

Realmente, a doña Michelle le faltó el "tejido" el 27F, porque chicle sí que tenía...e ineptitud también.

Anonymous said...

Y también recordemos que oponentes al voto femenino fueron, durante mucho tiempo, partidos de izquierda, pues decían que la mujer estaba muy influida por la Iglesia y predominaría el voto conservador.
Los partidos aprueban leyes con calculadora en mano, y en ese tiempo, aunque hubiera sido el ábaco.