Monday, November 26, 2012

La Democracia Cristiana chilena y la nueva Guerra Fría


Juan Francisco Coloane
Fuente: La Tercera

Coherente el presidente de la Democracia Cristiana (DC), el senador Ignacio Walker. No podría ser de otra forma y esa coherencia se agradece. No quiere que la DC gobierne con el Partido Comunista (PC) o aconseja que, de vencer la actual oposición en la elección presidencial no se incluya al PC en el gobierno.

Lo planteó sin ambigüedades en La Tercera dominical y seguramente generará más de alguna polvareda en una coalición de oposición que daba casi por segura la participación comunista en un futuro gobierno.

El senador DC se refugia en una coherencia histórica con la cual la DC podría recuperar el fuste de un partido que ejercía hegemonía en la década de 1960 y comienzos de los 70. En las postrimerías del gobierno de Augusto Pinochet, la DC también mantenía esa impronta. El sello DC está estampado en la política con dos hitos que le darían el contenido al Chile de hoy.

El primero fue el rotundo No al gobierno de Salvador Allende que contribuyó al golpe de estado, tan necesario para que la DC recuperara su alma falangista y católica después de las deserciones hacia la izquierda.

El segundo, en 1988, cuando aplicó todo el peso para dejar al PC fuera del pacto de coalición en la disputa presidencial post Pinochet. El sello marcador de la Concertación fue precisamente haber gobernado sin el PC. Son todos hitos históricos porque contribuyeron a diseñar en forma esencial el Chile de Hoy. La DC será juzgada como el partido más decisivo en perfilar el rostro de Chile en 60 años de recorrido pos Segunda Guerra Mundial.

Tenían cierta razón los dirigentes del Partido Socialista (PS) en asociarse con la DC para las elecciones municipales por la trascendencia histórica de este partido. En un escenario de rechazo público a la actual calidad de la política, hay que refugiarse en la verdadera máquina de poder. Tiene sentido cuando ambas colectividades apelaban que su pacto era el sostén de la gobernabilidad. La DC y el PS si bien no comparten la misma filosofía política están unidos en la cofradía por el poder y en la misma fractura del sistema político que detectaron los movimientos sociales y estudiantiles: demasiado énfasis en consensos con poco rendimiento práctico en la solución de los problemas mayores y urgentes.

La DC vive su momento de gloria como la derecha en la década de 1920 cuando el lema consistía en que “no se podía gobernar sin la derecha”. Después la ecuación cambiaría. En el período post radical y post Ibáñez del segundo mandato, no se podía gobernar sin la Democracia Cristiana.

Desde la presidencia de Eduardo Frei M. esto se hace más patente: no se puede gobernar sin la DC. Salvador Allende sufrió el factor DC en forma determinante, igualmente lo sufrió Pinochet. La Concertación de la cual forma parte, sufrió el factor DC por las reformas constitucionales y sociales no cumplidas y lo está sufriendo el actual gobierno y también la oposición.

La DC no es exactamente un partido de centro, como algunos catalogan. La DC es el menú completo de la política porque es quizás el más central en eso de la vocación de poder y de gobierno. Sin ella como que no hay república. Una suerte de herederos del rol de los radicales en Chile desde 1920 hasta que Gabriel González Videla los fundió.

Para la próxima elección presidencial, sería coherente que la DC no contara con los votos que arrastra el PC para derrotar a la derecha. Sería coherente para el PC una postura que quizás una parte importante de sus partidarios esperan: Dejar a la Concertación químicamente pura con la DC como factor central; que queme o conquiste sus naves solita, sin el apoyo PC.

Si se materializa el No de la DC al PC, es el tercer hito, y restituye los códigos de la guerra fría en 2012 de la perenne guerra ideológica. La DC lee el escenario global que parece apuntar en esa dirección, una suerte de Merkelismo en la economía con el intervencionismo colonial Hollandeista.

El presidente de la DC eso sí debería revisar apuntes. Siria no es una tiranía. Por el contrario, la tiranía proviene de los países que envían diariamente terroristas para derrocar un gobierno legítimo. Estuve allí y recomiendo un viaje para constatar. A algunos senadores les cosquillea la idea de unirse al reconocimiento que hizo el socialista François Hollande del Jeque A. M. Al Khatib como representante de una especie de gobierno sirio en el exilio violando lo más básico del derecho internacional. Quizás también sean partidarios, como Hollande, de derrocar al gobierno sirio usando el terrorismo. Pura coherencia. Nos hace recordar cuando un sector de demócratas le da al vamos al golpe de 1973 en Chile. ¿País reconciliado? “My balls!” Me decía mi hijo en Inglés, cuando era chiquito

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