Friday, January 04, 2013

Desacreditados


Cristián Warnken
Fuente: EL MERCURIO Jueves 03 de Enero de 2013

La desacreditación causada por el cierre de la Universidad del Mar nos alcanza a todos -como sociedad- en distintos niveles.

Quienes siempre hemos sabido que la educación no es un bien de consumo más, debimos haber estado más alertas y haber usado las tribunas de las que disponíamos para levantar la voz mucho antes que los estudiantes salieran a las calles a denunciar la corrosión que la usura estaba provocando en el sistema universitario. Pero los que están muy desacreditados hoy son los que debieron haber hecho cumplir la ley con celo y firmeza desde el Ministerio de Educación y no lo hicieron durante décadas.

Desacreditados están también aquellos empresarios que, burlando la ley, invirtieron en crear universidades no para aportar al desarrollo intelectual y cultural del país (como era el objetivo original de la ley que les abrió la puerta a los privados al sistema), sino para aumentar su propio patrimonio. Y qué decir sobre los legisladores que no hicieron debidamente aquello para lo que están expresamente mandatados: fiscalizar Ahora nos enteramos que varios de ellos (y de todas las tendencias) tienen intereses en universidades e inmobiliarias hoy en tela de juicio.

Tampoco el llamado cuarto poder -el periodismo- hizo bien su tarea. Salvo aisladas y silenciadas investigaciones, nadie se dio el trabajo de inquirir a fondo sobre el sistema de educación superior. Es como si un velo nos hubiese tapado los ojos y embotado nuestra conciencia ética.

Decir que el caso de la U. del Mar es un caso extremo es seguir envueltos en una ceguera que a estas alturas se acerca al cinismo.

Se acabó el tiempo de los eufemismos: ya no cabe decir que "huele a rosas", cuando se están abriendo las alcantarillas ante nuestras narices. Porque esto huele peor que Freirina.

La Educación Superior, que debiera ser la columna vertebral del desarrollo intelectual del país, está convertida hoy en un vertedero de turbias operaciones y negociados de todo tipo. ¡Si hay una universidad que prefirió invertir sesenta millones en un soborno para mejorar su acreditación, en vez de reinvertir sus excedentes en libros o investigación!

Y acabamos de saber de una directora de una carrera de la salud que falsificó su título universitario y medió para que la universidad hoy en proceso de cierre tuviera acceso a un campus clínico. Probablemente otros ilícitos deben todavía salir a la luz, no tan burdos como los de la U. del Mar, pero no por eso menos graves.

¿Qué pensarían don Diego Barros Arana, don Andrés Bello, o el insobornable Jorge Millas (autor de la memorable "Idea de la Universidad ") si pudieran ver la realidad universitaria actual, que para ellos tenía un carácter casi sagrado?

Muchas veces los períodos de bonanza económica en los que todas las energías de un país están puestas en superar las urgencias que plantea la pobreza terminan por ocultar las otras miserias, no por ello menos relevantes, como lo son la indigencia moral o espiritual. Y por esa pérdida de visión terminamos en esto: universidades estatales -que el Estado debió haber cuidado y desarrollado como patrimonios esenciales de la nación- diezmadas, con la Contraloría respirándoles en la nuca y obligadas a competir con otras pseudo-universidades que han bailado la cueca arriba del piano por muchos años, con créditos del Estado y sin fiscalización alguna. Y todo en nombre de la libertad.

¡Libertad, libertad: cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Pero al final -o al comienzo- de toda esta cadena de desacreditaciones compartidas están las dos coaliciones gobernantes -Alianza y Concertación-, las más desacreditadas hoy por haber permitido y posibilitado la decadencia de nuestra educación superior, pilar fundante de la República. ¿Tendrán el coraje moral de hacerse cargo de su responsabilidad política y ética?

Nota: al menos ahora se destapa lo que en veinte años pasó, sin hacer cumplir la ley.


Atentamente,Antonio Silva.

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