Wednesday, January 09, 2013

Un libreto conocido


Debemos ser capaces de condenar el crimen de Vilcún sin matices y comprender que nos enfrenta a un problema político de primer orden.

por Daniel Mansuy Huerta


LA TRAGEDIA acaecida la semana pasada en Vilcún es de aquellos episodios que deberían sacarnos violentamente de nuestra rutina y obligarnos a formular preguntas incómodas que pocas veces queremos escuchar. ¿Cómo reaccionar frente a un hecho de esta naturaleza? ¿Cómo asumir que en Chile se queman personas vivas en nombre de reivindicaciones históricas, recurriendo a métodos que creíamos suficientemente condenados por la historia? El hecho es mucho más que una enésima señal de alerta: es demasiada la violencia, es demasiada la degradación de lo humano implícita en el atentado.

Sin embargo, es tal la comodidad de nuestra inercia, que ni siquiera este crimen ha cambiado la rutina. En rigor, todo ha seguido un libreto conocido y previsible. Así, hemos tenido el dudoso privilegio de escuchar una discusión bizantina de aquellas: la derecha pidiendo incendiar la pradera con mano dura, y buena parte de la beatería progresista relativizando la gravedad de los hechos en nombre de una historia dolorosa (asumiendo, de paso, el punto de vista exactamente contrario que el mismo sector impulsa en el Museo de la Memoria: ¿en qué quedamos?).

Habría que partir por comprender que los argumentos se mueven en niveles distintos, pues ambas afirmaciones son correctas e insuficientes a la vez. Por de pronto, es evidente que el gobierno tiene aquí un problema objetivo de orden público que no puede desconocer sin faltar gravemente a sus deberes mínimos (Hobbes). Pero no puede soslayarse que la cuestión excede con mucho la mera dimensión policial, y no es seguro que la derecha lo entienda plenamente. Digamos que la dificultad es la siguiente: debemos ser capaces de condenar el hecho sin matices de ninguna especie y de comprender, al mismo tiempo, que este crimen nos enfrenta a un problema político de primer orden, que por años nos hemos negado a mirar seriamente.

Quizás la primera condición para enfrentar el desafío sea admitir nuestra ignorancia. Porque si es evidente que la pura mano dura no basta, y puede incluso agravar las cosas, la entrega de tierras tampoco dio los frutos esperados. Nadie tiene una receta mágica, y las políticas de los últimos decenios han sido un rotundo fracaso (y esto incluye a la Concertación). No es tampoco un problema estrictamente jurídico que pueda zanjarse, por ejemplo, entregando soberanía. Esa salida es tan dirigista como las anteriores, porque ignora que el pueblo mapuche no obedece a las categorías políticas occidentales. Además, no se trata de excluir a los mapuches de Chile, sino de incluirlos en un proyecto común.

Con todo, no es seguro que nuestras autoridades tengan conciencia de todo esto. Hay, por cierto, excepciones honrosas, pero en general la actitud oscila entre el desconcierto improductivo y la gesticulación estéril. Si uno observa con detención los rostros de los hombres blancos reunidos en Santiago para tratar el problema y crear, ahora sí, una política de Estado que, ahora sí, resolverá el problema, es inevitable no ver un gesto de estupor y una mueca de aprendiz frente a lo desconocido: nuestras autoridades no tienen mayor idea de lo que está ocurriendo a 700 kilómetros de distancia. Por eso su actitud, la misma de siempre, se reduce a la vana esperanza de que el próximo chaparrón los pille confesados. Y poco más.

3 comments:

Anonymous said...

Estimado Daniel.Nada,absolutamente nada se soluciona con sangre..., pero los seres humanos así como algunas especies mamíferas,tienen el instinyto vengativo en los genes( eso no es cosa mía, eso es científico), el problema mayor en todo ésto está, en la divulgación que se le dá a los hechos de apenas uno de los lados. Tienes idea de cuántas personas mapuches ya fueron asesinadas.Te pasmarías de saber la verdad y la realidad..., pero como son " INDIOS"( mal llamados de ese modo), es como si fuesen animales para muchísimos , entonces no son noticia para nada ( así exterminaron a los "ONAS" en la |Patagonia.., como ellos por hambre se comían alguna oveja de los terratenientes Alemanes,polacos, yugoeslavos etc. eran cazados por éstos , como si fuesen animales dañinos. Estos hechos acaecidos recientemente, nos han llamado a una reflexión mas profunda..., pero a quién ? Quién quiere saber la verdad de los mapuches? Para nosotros Manuel Rodríguez era un patriota , un guerrillero luchando por nuestra pátria; para Los Españoles y San Bruno , no pasaba de un " TERRORISTA". Para los peruanos en la guerra del pacífico, nosotros los chilenos éramos terriristas, invasores y asesinos.., para nosotros , nuestros héroes eran,fueron y serán siempre eso " NUESTROS HÈROES.Entonces mi querido Joven >Hay que sentarse serenamente, pausadamente y colocar toda la mejor de las intenciones en escuchar a los mapuches y claro ,aceptar muchas de sus pedidos de justicia y equidad,Ya que si carabineros mata y quema casas y rucas de Huenculeos, Hualcailes, Arnaos etc. y les mata hijos, animales y familia...,nadie lo sabrá, y si se sabe, nadie hará un carnaval de fotos, reportajes,filmaciones etc.;Nada justifica las muertes a través de la violencia( formas naturales son el destino de todos nosotros). Atte. Eduardo Sáez

Mario Grez said...

Es notable que después d 20 años de gobiernos de izquierda concertacionista el problema indígena permanezca vigente.

Mario Grez said...

Es notable que después d 20 años de gobiernos de izquierda concertacionista el problema indígena permanezca vigente.