Wednesday, February 06, 2013

¿Podrá la DC mantener el alma en su cuerpo?


Mariana Aylwin

Fuente: La Segunda

La Democracia Cristiana salió bien parada de la primaria que realizó para elegir su precandidato presidencial. Como dijera uno de sus dirigentes, “le entró el alma al cuerpo”. Esa fue la imagen pública que transmitió. Un partido que, haciendo honor a su vocación democrática, se atrevió a elegir a su abanderado presidencial consultando a la ciudadanía, el mismo día que otro partido elegía al suyo en un hotel del barrio alto de Santiago. La comparación era inevitable.

Y una ciudadanía que dio la sorpresa de responder a esa arriesgada apuesta, que parecía más un acto de voluntarismo que una alternativa real. Contra todo pronóstico, sesenta mil chilenos y chilenas fueron a votar un sábado caluroso de período de vacaciones, para elegir un candidato que tiene escasas posibilidades de ganar a Michelle Bachelet en la primaria final de la Concertación. Da para pensar.

Por primera vez en mucho tiempo, la Democracia Cristiana suscitó la alabanza y también la envidia de otros partidos. No cualquiera puede organizar voluntariamente una elección, con mesas en más de trescientas comunas, incluidas una mesa simbólica en el sur de Argentina para que votaran ciudadanos residentes en el extranjero. Todo fue bien hecho. Las primarias abiertas estrenadas ya en las elecciones municipales, el buen resultado en esa contienda electoral y esta forma de elegir a su candidato presidencial han sido, sin duda, medidas que han puesto a la Democracia Cristiana en un mucho mejor pie para lo que viene.

No obstante, está por verse cuánto tiempo durará el alma en el cuerpo de la DC. Por de pronto se vienen elecciones internas y el escenario parece confuso respecto del rumbo que pudiera tomar la próxima directiva. Digámoslo claramente: no está garantizado el apoyo al precandidato Claudio Orrego dentro del partido. Fue más fácil movilizar para votar en las primarias a adherentes y simpatizantes que a los militantes. Un sector importante de los dirigentes estaban y probablemente siguen estando por colgarse rápido a la candidata ganadora. Los incentivos para los que quieren competir en la elección parlamentaria tampoco se alinean naturalmente con el apoyo a Orrego.

Hay dos tensiones que pueden terminar por derribar la nueva oportunidad que se ha construido la Democracia Cristiana. La primera es entre una opción realista, más bien de corto plazo, que apuesta a negociar luego la incorporación de la DC en el futuro gobierno, versus la opción más testimonial que mira a más largo plazo que la coyuntura. Para quienes sustentan la primera alternativa, el riesgo de perder con gran distancia de Bachelet puede debilitar la participación de la Democracia Cristiana en su eventual nuevo gobierno. Al contrario, la otra opción postula que, aunque se pierda, la DC tiene una oportunidad en las primarias de fortalecer su identidad y definir sus ideas para el futuro gobierno.

La segunda tensión tiene que ver con el discurso. El triunfo de Orrego apeló a ocupar el centro político dentro de la Concertación y fortalecer una identidad social cristiana en ese espacio. Pero ese discurso, dentro de la DC, no es plenamente compartido. Hay voces que se sitúan en posiciones más hacia la izquierda.

De allí que el peor escenario para el partido sería terminar con un candidato presidencial en una órbita y una directiva en otra. Ya conocimos lo que eso significa y el costo que tuvo el partido. Por eso, esta vez, esperamos que el alma recuperada de la DC se mantenga en su cuerpo.

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