Tuesday, March 05, 2013

¿En qué país vive usted?

Mariana Aylwin
Fuente: La Segunda

Osé decir en mi anterior columna que no me calzaba el discurso del malestar y de la desigualdad creciente con la cantidad de veraneantes que este año colapsaron aeropuertos y llenaron las carreteras, los hoteles y los lugares de vacaciones a lo largo de Chile. Como respuesta, recibí una andanada de mensajes calificándome de defensora del modelo neoliberal y, de paso —como ha sido la cantinela—, de tener “conflictos de interés” puesto que “lucro” con el sistema, lo cual me impide mirar la realidad. ¿En qué país vive usted?, me preguntó un tuitero. Como si mirar aquello que funciona y es positivo fuera una entrega obsecuente al statu quo o un rechazo a los cambios. Es reflejo de la vieja tensión entre autocomplacientes y autoflagelantes, entre poner la mirada en el medio vaso lleno o en el medio vaso vacío. Pero también es una manifestación preocupante de una nueva intolerancia que se está incubando en la discusión política, que —en vez de argumentar— descalifica a quienes plantean un disenso a sus posiciones.

¿En qué país vivo?

Vivo en un país que tiene fortalezas y quiero mirarlas de frente. ¿Alguien puede desmentir que cada año más chilenos salen a veranear y que ello revela su incorporación a una vida mejor? Vivo en un país en que millones de familias disfrutan de un bienestar que hasta hace poco no tenían. Vivo en un país en que hay mucho esfuerzo para salir adelante, donde la gente emprende y se las agencia a pesar de sus dificultades. Vivo en un país donde hay cada vez mayores expectativas de lograr surgir, porque los chilenos tienen más educación, más oportunidades y mayor conciencia de sus derechos. Vivo en un país donde la diversidad está siendo valorada. Vivo en un país donde la gente reclama, ya no acepta cualquier cosa, se rebela contra los abusos y rechaza las discriminaciones. Vivo en un país donde la pobreza se ha reducido sustancialmente.

Ello no me impide ver los problemas que están allí, algunos que se arrastran, otros que son consecuencia de los avances. Puedo decir sin titubeos, para tranquilidad de algunos, que este mismo país —el Chile que mejora— muestra aún altos grados de injusticia que resultan intolerables, como las colusiones de las empresas, los abusos a los consumidores, los cobros y ganancias excesivas, las artimañas para rebajar impuestos, la ostentación impúdica de la riqueza de muchos. Todo ello lleva peligrosamente a una radicalización de la ciudadanía. Puedo decir también que vivo en un país segregado territorialmente y que la desigualdad se hace más escandalosa cuando no hay espacios de integración. Que hay aún muchos sectores de chilenos que a diario ven frustradas sus expectativas y se sienten excluidos del Chile que progresa. Como los jóvenes que no logran incorporarse o las comunidades de los pueblos originarios que aspiran a ser reconocidos como tales. Vivo en un país donde muchos chilenos sienten inseguridad. Vivo en un país enfermo de desconfianza. Vivo en un país que tiene que ampliar su democracia y mejorar sus instituciones para representar su diversidad. Ya no se resiste el estancamiento de la política, que ha quedado desfasada por la transformación social y cultural que ha tenido nuestra sociedad. En estos problemas —y otros que no alcanzo a describir en este espacio— tenemos que poner nuestros empeños, pero si queremos ser exitosos, hagámoslo desde una mirada optimista y no lastimera. Hagámoslo reconociendo nuestras fortalezas.

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