Thursday, March 07, 2013

Venezuela y la izquierda bolivariana tras la muerte de Hugo Chávez

El fallecimiento del Presidente Chávez abre la posibilidad para que su país retorne a la normalidad democrática.


LA MUERTE de Hugo Chávez pone fin a un ciclo en la historia política de Venezuela y de la izquierda latinoamericana, y abre una etapa de incertidumbre acerca de lo que ocurrirá en ese país ahora que ha fallecido el líder político, que construyó una revolución bolivariana a su medida.

A partir de 1992, cuando irrumpió tras liderar un fallido golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, Chávez se convirtió en figura central de la escena política venezolana. Tras llegar a la presidencia en 1999, recurrió incansablemente a la vía plebiscitaria para ir moldeando un régimen en el cual él terminó por controlar todas las variables del poder, concentrando en torno a su persona numerosas atribuciones e inutilizando todos los esfuerzos por hacerle frente (incluida una intentona de golpe de Estado) por parte de una oposición desprestigiada. Amparado en la riqueza proveniente de los altos precios del petróleo y del uso político que hizo de esos fondos, diseñó y aplicó una política social basada en subsidios y en las llamadas “misiones”. Esto, unido a su carisma y a un discurso muy agresivo contra quienes disentían de su gobierno (incluyendo a la prensa), lo convirtió en un líder muy popular, que sólo una vez fue derrotado en las urnas. Chávez pasó, de esa forma, a dominar completamente el paisaje político de su país, y sus adherentes llegaron a depender de tal forma de él que, incluso, fueron capaces de pasar por encima de la Constitución que el propio Chávez diseñó para permitirle permanecer en la presidencia, pese a no estar en condiciones de salud para ello.

Su obsesión de enfrentar a Estados Unidos, su cercanía con el régimen cubano y su apoyo activo a otros movimientos de la izquierda regional lo transformaron en un referente de ésta, sobre la base del “socialismo bolivariano” que impulsó por toda América Latina, encontrando aliados en varios gobiernos y numerosos movimientos y partidos políticos del hemisferio, a muchos de los cuales financió generosamente. El continente quedó dividido entre los países que se identificaban con el movimiento bolivariano y los que conservaron prácticas democráticas, división de poderes y respeto por las libertades civiles.

El personalismo que le imprimió Chávez a toda su actividad hace hoy legítimo e inevitable plantearse interrogantes acerca de la viabilidad de su proyecto político en Venezuela y la región. Aunque a nivel doméstico pretendió dejar todo bien amarrado, nombrando al vicepresidente Nicolás Maduro como su heredero político, es probable que su ausencia dé pie a dinámicas no previstas dentro del propio chavismo y también en la oposición, que hoy se encuentra más organizada que nunca en los últimos 14 años. Es obvio que no existe en Venezuela un líder del tonelaje político de Chávez, por lo que su muerte puede abrir la posibilidad de que los venezolanos avancen hacia una normalización democrática que la presencia de la figura omnipresente del “comandante” hacía impensable mientras éste se encontraba vivo. Algo similar puede ocurrir con una izquierda latinoamericana que ha retrocedido hacia niveles de populismo y estatismo que por un momento parecieron superados, pero que bajo la influencia de Chávez volvieron a ser parte de su discurso y su praxis.

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