Friday, April 12, 2013

LA MADRE DE TODAS LAS CONTRADICCIONES

“No tememos equivocarnos mucho si así calificamos la inminente campaña de Michelle Bachelet”.

Escribe Fernando Villegas


Se habló alguna vez —lo hizo Saddam Husein durante la primera guerra del Golfo— de una “madre de todas las batallas” que iba a comportar el más glorioso triunfo de las fuerzas del dictador. La bravuconada terminó mal,porque el combate fue el padre de su
aplastante derrota, pero aun así y por un tiempo la expresión cobró popularidad y se la espetó cada vez que se quiso enfatizar la importancia de un suceso victorioso que se anunciaba como a punto de acaecer. Luego, en vista de los fracasos asociados a su uso, el término ha cobrado un aire puramente cuantitativo y a veces irónico o al menos ambiguo; un gran desastre, un equívoco fenomenal, una metida de pata histórica son también, hoy, “la madre” de todo eso.Por lo mismo, debido a ese significado que hoy apunta sólo al tamaño, no tememos equivocarnos mucho si calificamos la inminente campaña de Michelle Bachelet como “la madre de todas las contradicciones”. Con la expresión no hacemos ningún pronóstico acerca del resultado electoral, sino sólo queremos indicar que, sea cual sea aquél, su campaña, iniciada formalmente el miércoles pasado a sólo horas de su planeadamente discreto desembarco,es la más egregia y majestuosa acumulación de conflictos internos, incoherencias lógicas y rarezas misceláneas que jamás se haya visto en el país, un fenómeno tan singular que sin duda ameritará las efusiones académicas de muchos cientistas políticos del presente y del
mañana. Lo de su rareza no es un juicio de valor, sino una simple observación. Rareza se refiere a algo poco o nada frecuente, eso es todo.

PRIMERA CONTRADICCIÓN
La primera contradicción de todas, quizás la más llamativa y tal vez la más importante, es la existente entre el espíritu que está en el centro del anhelo de tantos chilenos por verla de regreso a La Moneda y la realidad del país en el que ha aterrizado. Ese ánimo, el de que doña Michelle viene a salvarnos, es especialmente fuerte en sus partidarios de los estratos más humildes, pero alienta también en miembros de casi todos los sectores sociales, menos en la elite, donde es anatema. Sus feligreses la ven como la virgen del Carmen 2.0, figura providencial que rescatará la nación de las atroces garras de la derecha y la hará más acogedora, equitativa, igualitaria, cariñosa y maternal. Afortunadamente para el país y desafortunadamente para dicha campaña no existe un desastre descomunal que requiera de alguien para redimirnos. Y, como no lo hay, no se concibe qué gestos y pases mágicos podrá perpetrar la candidata que den la sensación de que su presencia es indispensable para salvar a la Patria. Es posible que en vista de eso, de no haber agua en la piscina del horror, de súbito algunos se percaten que no se necesita un salvavidas tocando el pito. Bien
puede ocurrir que un todavía desconocido pero no improbable número de sus partidarios despierten de esa pesadilla totalmente artificial, autoinducida y luego alimentada y avivada por los interesados. El país no está ni paralítico ni dormido esperando el beso reparador de la princesa. Hay problemas, pero también hay crecimiento, menos cesantía, los salarios han subido y la inversión aumentó considerablemente. En breve, por muchas marchas ciudadanas que se convoquen y celebren en el calendario del progresismo, nada hay de tan desastroso que necesite un redentor. Esta contradicción no es culpa de la candidata y ni siquiera de su sector, el cual, ya algo asustado, bien quisiera moderar los ánimos, pero es imagen que en su momento se construyó consciente y pacientemente y ahora no puede evitarse su condición de viga maestra de su credibilidad y su apoyo.

SEGUNDA CONTRADICCIÓN
La segunda contradicción es la que surge de su “diseño oral de campaña”, hasta ahora muy exitoso, basado, como bien se sabe, en la mantención a toda costa del máximo silencio y reserva. Esto, sin embargo, a partir del miércoles ha entrado inevitablemente en conflicto no sólo con el deseo de la ciudadanía de oír proyectos y ver pruebas de transparencia y no de secretismo y círculos de hierro formadas por señoras maduras y duras, sino además con lo que es de la esencia de toda campaña política, a saber, la expresión de las ideas del sector que apoya al candidato y no simplemente las del candidato que apoya al sector. Aun así se intentará prolongar dicho silencio bajo el paraguas mediático y conceptual -craneado, se nos ha dicho, por el muy listo señor Ottone- del “Bachelet-recorre-Chile-para-oír-a-la-gente”. Cuando se oye no se habla. Es un buen recurso táctico, pero no elimina la contradicción, sino sólo la disfraza.

TERCERA CONTRADICCIÓN
Esta es la que palpita entre su imagen de independencia y renovación ciudadana descendida de los Altos Cielos —descendida de Nueva York y la ONU de las señoras— y el hecho contundente de que es LA candidata de la Concertación. Michelle Bachelet es socialista de
toda su vida, comparte las ideas que alguna vez ese sector manifestaba sin complejos,comparte sus tics conductuales, comparte su lenguaje, sus clichés, sus rencores y sus amores. Lo comparte todo. Y ciertamente es candidata porque su partido y su coalición se lo
pidió, NO la calle, NO los escolares, NO Giorgio Jackson, NO los ciclistas empoderados. ¿Cómo cuadrar el círculo entre Ser socialista y no parecerlo, entre parecer “Independiente” y no serlo? Misterio gozoso y doloroso…

MÁS CONTRADICCIONES…
Hay aún más contradicciones, aunque quizás secundarias. Son las diferencias que se observan entre el talante y temperamento de la candidata y el temperamento y talante desu propia coalición, o dicho más exactamente, el de la casta dirigente de aquella. La doctora
Bachelet detesta ser presionada, gusta rodearse y ampararse tras su círculo, no responde el teléfono, es “de su idea”, desconfía de los políticos profesionales y desde su anterior administración siente, con algún rencor, que no la tomaban suficientemente en serio. Por su parte la Concertación la ha ungido para regresar a La Moneda a hacer SU gobierno,materializar SUS ideas y poner en práctica SUS planes y no sencillamente con el propósito que doña Michelle, para usar su propia y pintoresca expresión, se repita el plato. De modo entonces que tendremos una candidatura que se insinuará como ciudadana y hasta casi estratosférica, puramente centrada en la figura de la candidata, pero que, simultáneamente,ES de una coalición grande y poderosa que no tiene la menor intención de ser echada a un lado si gobierna, aunque antes de eso, en la campaña, si bien estando presente hará como que no está. Será entonces una campaña de escondites, de corre que te pillo, de disfraces,de máscaras, de espejos raros. A Alicia le habría encantado.

CUADRANDO EL CÍRCULO
Todo eso es muy complicado. Resolver antinomias es tarea insoluble que los antiguos llamaban “cuadrar el círculo”. Los marxistas, con el optimismo de quien se siente intérprete y partero de las leyes de la historia, hablan de “la síntesis superior” que surge de las contradicciones, pero eso suena bien sólo en teoría; en la realidad el choque de opuestos deja muertos y heridos. Bachelet se presentará, en eso que llaman “el imaginario colectivo”,revestida de la resplandeciente armadura de San Miguel, pero al mismo tiempo será el mascarón de proa de una vasta y venerable embarcación que hace agua por todas las
costuras. Aun así las chances aun la favorecen. Si la izquierda es maestra en algo es en
administrar campañas. En esta ocasión deberá emplearse a fondo. Para nosotros, simples
espectadores, será un show apasionante.◙

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