Thursday, May 09, 2013

2013: Esperar lo inesperado




Sergio Melnick

Fuente: La Segunda

He comentado ya que este año político se caracteriza por su extraordinaria complejidad. Y los sistemas complejos tienen como contraparte la teoría del caos: pequeños disturbios pueden gatillar grandes cambios. Lo anterior significa que, en lo que resta de aquí a las elecciones, podemos esperar cosas absolutamente inesperadas, como las que ya han empezado a suceder, y que alterarán el resultado de la contienda.

Lo esperado desde 2012 era que ganara Bachelet; ahora es muy probable que no ocurra. Veamos algunos ejemplos de lo que estoy hablando.

La cobarde destitución de Beyer probablemente no hubiese ocurrido si no estuviéramos en elecciones. Se descontroló la política. Los legisladores traicionaron sus conciencias en pos de un interés de corto plazo, y eso convulsionó a la sociedad innecesariamente. De la misma manera, vimos lo increíble con el escándalo de Velásquez en la Cámara. Cualquier cosa pudo haber pasado, además del desprestigio.

Otro episodio inesperado, abrupto y grueso fue la caída de Golborne. Un cambio radical del escenario político, a dos días del plazo de inscripción de las primarias presidenciales. La pugna entre RN y la UDI escaló a niveles increíbles, y aún hay réplicas y sentimientos heridos. El futuro entero cambió. Aún no sabemos si para bien o para mal.

Después vivimos el episodio de la fallida primaria parlamentaria de la oposición. Una ley que ellos mismos promovieron y aprobaron, una promesa pública que hicieron y en la que fallaron, y que demostró la falta de liderazgo de Bachelet, que lo había solicitado como expresión de una “nueva mayoría”. Volvimos a la política de cuatro paredes, la misma que ella criticó al llegar, y nuevamente la clase política perdió credibilidad. Entonces, se abre la pregunta de si ella sería capaz de gobernar, algo que se ve ya en el apoyo que se le ha ido cayendo. Se la nota incómoda.

La oposición de hoy tiene muchos partidos: DC, PPD, PC, PRSD, PRI, MAS, PRO, IC, PS, Iguales, PH, Socialistas Allendistas (que apoyan al PRO), Revolución Democrática. De éstos, hay nueve que quieren armar la “nueva mayoría” o que se necesitan en la segunda vuelta. La Concertación eran formalmente cuatro partidos y así no era fácil. ¿Cómo sería con ocho o nueve partidos tan disímiles? Eso se agrava con una candidata que habla poco y cuando lo hace son sólo cosas generales, o a veces dice algo y lo cambia al día siguiente. Es más: una vez dice que hay algo que no está en su programa, y otra dice que no tiene programa y le preguntará a la gente. Pasarán cosas inesperadas. El silencio y evasión a los medios ya no resisten más.

No han pasado muchos días, y vemos el arrebato de Velasco, que ladra pero no muerde. La subida de Longueira, por un lado, y la izquierdización de Bachelet, por otro, dejaron abierto el espacio del centro liberal moderno, que a mi juicio Velasco representa muy bien. Si hubiese ido a la primera vuelta, podría haber superado a Bachelet, que sufre el síndrome Golborne. Pero no lo hizo, y perderá así la primaria y toda su interesante opción. Es curioso: peleó para ir a la primaria a la que no lo dejaban entrar y ahora no lo dejan salir. ME-O toma palco y se ríe.

Aparece ahora un estudio del Sernac del tiempo de Roa —el mismo que fustigó a Golborne— y que se había escondido. Es decir, en la Concertación se sabía perfectamente de los abusos, como La Polar, y no se hizo nada. También aparece un fallo contra el BancoEstado que viene desde la época de Lagos y Bachelet, en que las dilaciones del banco retrasaron la reparación del daño. Después aparece un problema en el INE que arrastra a su director y del cual se extrapolan todo tipo de cosas absurdas.

En estos días aparece otra cosa inesperada: el gran chascarro de Paulsen con Longueira. Pudo haber cambiado la historia nuevamente.

En una eventual “nueva mayoría” pegada con más voluntarismo que ideas y con una líder que no lidera, y en una Alianza herida por el cambio de candidato, la cosa vendrá llena de inesperables. No se sorprenda si hay más cambios de candidatos, más díscolos, división de partidos, cambios de coalición y quizás cuántos otros fenómenos que alterarán el resultado de la elección. Por de pronto, veremos luego el fallo de La Haya. Todo está abierto.

Mientras, curiosamente, el país crece, genera empleo, aumenta la inversión, baja la pobreza, se termina la reconstrucción del terremoto, aumenta el emprendimiento, funciona el ingreso ético, se inauguran hospitales. En fin.

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