Tuesday, June 18, 2013

La importancia del centro político


Mariana Aylwin

Fuente: La Segunda

Hace pocos días, un amigo que nunca fue a una universidad, que trabaja para una AFP, que tiene su casa en Maipú y ha conseguido con su esfuerzo y el de su mujer que sus hijos sean profesionales, me dijo: “Voy a votar en las primarias por quien mejor me garantice que no se pondrá en riesgo lo que hemos avanzado. Quiero una sociedad más justa, pero no a costa de lo que hemos logrado”. El aspira a que se mejoren las pensiones y le indignan los abusos, pero no quiere que se terminen las AFP. A él no le importa si la universidad a la cual va su hijo es privada o pública, pero sí le importa que le aseguren que estudia una carrera seria y que el Estado apoye su esfuerzo para financiarla. Ese es el sentimiento que queremos representar aquellos que estamos situados en el centro político. Avanzar y cambiar, pero sin rupturas ni refundaciones traumáticas que nos entrampen, nos dividan y terminen siendo un freno a las transformaciones necesarias en esta etapa. De allí mi convicción absoluta de que la Democracia Cristiana debe jugarse en tal sentido y de que nuestro candidato, Claudio Orrego, expresa esa mirada en esta competencia electoral.

Nunca ha sido fácil ocupar el espacio del centro. Lo sabemos bien los democratacristianos. “Ni chicha, ni limonada”. Entregados a la derecha para unos, a la izquierda para otros. Conservadores o neoliberales para unos, obsecuentes con lo comunistas para otros. Más difícil aún cuando los vientos soplan a favor de la polarización y nuestro discurso de cambios graduales, siempre por la vía democrática y buscando los mayores acuerdos posibles, pasa desapercibido entre las voces altisonantes que proclaman las nuevas verdades, o caen en el descrédito de la impaciencia predominante.

Es cierto que el concepto “centro” pareciera reducirnos a un lugar intermedio. Pero este país siempre ha tenido tres tendencias de pensamiento político. El centro, a su vez, se ha expresado en una vertiente socialcristiana y una vertiente laica liberal, predominando una o la otra a lo largo de nuestra historia republicana. Nunca ha dejado de tener relevancia. Hoy esas vertientes están encajonadas dentro del sistema binominal, pero, a pesar de ello, el centro ha seguido existiendo y ha cumplido un rol fundamental para la gobernabilidad de las últimas dos décadas, ya sea como mayoría o minoría dentro de la Concertación, y también en el papel oposición durante este gobierno.

Por eso, la Nueva Mayoría no será más que un pegoteo de partidos si no recoge la sensibilidad del centro político. Quien asuma el liderazgo de este bloque después del 30 de junio, deberá optar no sólo entre propuestas distintas, sino, sobre todo, entre caminos diferentes para llevarlas a cabo. No se trata de elegir entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Se trata más bien de elegir entre soluciones consensuadas e institucionales o hacer las transformaciones bajo las presiones de la calle.

No es casualidad que los candidatos de la derecha estén empeñados en captar el electorado del centro. Los cantos de sirena de Longueira y Allamand al mundo democratacristiano así lo demuestran. Guste o no, ahí se juega la elección del nuevo gobierno. De allí la necesidad de que el voto de centro de las primarias pueda expresarse en una convergencia con influencia no sólo en la futura campaña presidencial, sino en el próximo gobierno.

2 comments:

Miguel Huerta said...

Me queda claro que Mariana Aylwin, y sus cercanos, una vez derrotado Orrego, no están dispuestos a votar por Bachelet y el PC.

Anonymous said...

Esta dulce historia del Partido Democratacristiano no calza con mi vivencia personal. Fueron dirigentes DC sindicales y de otros estamentos sociales los que se armaron y lucharon bravamente a mi lado para derribar un gobierno marxista amparado en el terrorismo. Todo Chile democrático luchó.
Fueron estudiantes DC los que murieron baleados de noche en una parcela de La Reina durante la Unidad popular. ¿ Quien los recuerda hoy ? Ni su propio partido.
Yo los respetaba.
Luego, ese partido cambió.

Raúl Olmedo D.