Wednesday, July 03, 2013

EN VÍSPERAS DEL FALLO



Falta ya muy poco para que conozcamos el fallo de la Corte Internacional de La Haya en relación a la demanda sobre límites marítimos incoada por Perú.
El grueso público chileno espera, obviamente, un fallo en derecho. Pero sabe bien que esa corte acostumbra a matizar sus decisiones con premios de consuelo a las partes demandantes, cuando ese derecho les es esquivo.

Yo seguí, en diciembre pasado y al igual que todo el mundo, los alegatos de Perú y Chile ante la Corte Internacional de La Haya mediante las emisiones de TV abierta.
La traducción de los alegatos estuvo bien, pero la transmisión, por desgracia, fue solo parcial y limitada.
Aún así, quedó claro para todos los televidentes que la versión peruana de los hechos resultó - mas que debilitada - prácticamente demolida luego de las intervenciones de los abogados que expusieron el punto de vista de Chile.
Se demostró allí fuera de toda duda que los Tratados de 1952 ( o Declaración de Santiago) y de 1954 ( llamado Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima) habían sido, justamente, documentos que cumplieron, en su momento, con la normativa internacional suficiente como para ser definidos y reconocidos como tratados. Perú basaba su causa, recordemos, en la inexistencia total de tratados sobre el tema.

Y dado que si hubo tratados, participando de ellos - además - Ecuador, país que funda en su texto el reconocimiento expreso peruano a sus fronteras marítimas, para los abogados contratados por Chile demostrar el resto resultó, por así decirlo, cuesta abajo.

Hubo detalles casi exquisitos durante esos alegatos. Disfruté en particular aquel episodio en que la parte demandante presentó un documento incompleto - mutilado en las frases que no le favorecían - dando paso a que Chile entregara a continuación el documento original con el texto completo. Casi se escuchó un ¡Plop! entre los jueces integrantes del Tribunal.

Semanas mas tarde me enteré de que podía revisar en Internet las versiones completas de los alegatos de ambas partes - aunque sin traducción al español - y me puse a ello con mucho interés, advertido de lo que iba a encontrar. Y así fue.

Entre otras materias, estaba en discusión determinar si el Tratado de 1954 - aquel que habla expresamente de los paralelos que se prolongan en el mar a partir de la frontera terrestre - fue conocido, discutido y aprobado oportunamente por el parlamento peruano.
Parlamento que es - hoy y desde 1995 - unicameral. Pero que en la década del 50’ del pasado siglo constaba, como se mantiene aún en Chile, de una Cámara de Diputados y otra de Senadores.
Y es el caso, según la versión peruana expuesta ante la Corte Internacional, de que tales actas no se encuentran disponibles. Un relato algo confuso - no es mi rol decir “sospechoso” - del abogado representante de Perú señala que “alteraciones del orden institucional en la época ”, o “desórdenes” no bien definidos, culminaron en que las actas de la Cámara Baja de su parlamento de entonces, se extraviaran o fueran sustraídas. Conclusión de la parte demandante : no hay constancia de que el legislativo peruano haya conocido del texto de ese Tratado de 1954, ni menos de que lo haya aprobado en términos de reconocer que la frontera marítima con Chile está constituida por la proyección - siguiendo el paralelo terrestre respectivo - del lugar en que la frontera terrestre toca el mar. O sea, del llamado Hito N° 1, según se estableció en la época mediante un acta suscrita por las partes
Una pena, expresaron ante la Corte los representantes legales de Perú, pero…
¿ Que se le va a hacer ? Si las actas se extraviaron, o bien fueron sustraídas desde las cámaras que entonces formaban el parlamento peruano, no hay manera de establecer si el legislativo de ese país efectivamente sancionó tal tratado y los compromisos que acarrea a sus firmantes.
O quizás si la hay. Porque para mi sorpresa - aunque estaba, como digo, advertido sobre lo que iba a encontrar al revisar esas grabaciones - uno de los abogados contratados por Chile tomó la palabra para solicitar al Tribunal, muy suelto de cuerpo, que se sirviera tener a la vista copias auténticas de tales actas. Mismas que en ese acto entregó al secretario del Tribunal. Declaró que habían sido obtenidas, en Lima, hace algunos años, de los archivos de la prensa de la época, así como del Archivo Nacional del Perú, y debidamente protocolizadas ante ministros de fe.
La Corte Internacional de la Haya - ¿ Ya lo adivinó Ud., lector ? - aceptó, acto seguido, incorporar esos documentos al proceso. Ignoro si hubo un ¡Plop! de los jueces en esta coyuntura.
Parabienes, entonces, al funcionario de la Cancillería chilena que tuvo la visión y precaución de calcular que esas actas corrían, en el tiempo, el riesgo de “desaparecer en confusas circunstancias”.
Fue mas o menos por ahí cuando el abogado francés que alegaba por Perú admitió, como parte de una larga exposición, que los documentos firmados por Chile, Perú y Ecuador en 1952 y 1954 si tienen, efectivamente, el carácter de Tratados.

A esas alturas, el Agente Peruano ante la Corte había mudado de semblante. Si antes se veía apesadumbrado, constreñido por las circunstancias, de ahí en mas siguió el desarrollo de los alegatos con cara de haber enterrado a su madre esa misma mañana.

Y vino a continuación el final desopilante. Las exposiciones-resumen de los agentes de ambos países ante la Corte Internacional.
Aquella del Agente chileno Alberto Van Claveren la conocemos bien. Maciza y fundada, no deja brecha alguna a la argumentación contraria.

La exposición final del Agente peruano ante la Corte, por el contrario, sin reparar en el naufragio técnico de su causa, deparó una sorpresa.
Porque ocurrió que, luego de reiterar la argumentación ya conocida y chalanear un rato sobre valores generales referidos a la hermandad de los pueblos, su espíritu pacifista y otros semejantes, fue al punto que le interesaba: planteó, sin arrugarse, lo que los profesionales del derecho definen como solicitud “ultra petita”. Es decir, mas allá de su demanda original.
Petición que redondeó encargando a la Corte, el mismo Tribunal ante el cual debió probar su tesis mediante argumentación sustentatoria, ocuparse de buscar una solución al problema peruano. Solución que, sugirió, podría ser el dar una nueva ubicación al punto desde el que se proyecta el paralelo terrestre, nada menos y para empezar. Ello otorgaría al Perú una franja de mar a todo lo largo del paralelo que hace de frontera. O bien, redefinir el “punto Concordia“, lo que dejaría algunas hectáreas de terreno de nuestro territorio en manos del Perú. O también, otorgar a su país lo que se ha definido como “triángulo exterior”, una superficie de océano colindante - pero que no se superpone - al territorio marítimo que Chile reclama como suyo en base a la proyección de 200 millas marítimas convenidas en el Tratado de 1952.
En otras palabras, obtener algo. Lo que fuere.
Son cuestiones que no planteó en su demanda original, puesto que ella se refiere a fronteras marítimas, y la extraña variante introducida al cierre incorpora un tema atingente a superficies terrestres.
No renunció en su exposición final, el Agente peruano, a ninguna de sus aspiraciones originales. Sólo les agregó la guinda de la torta.

Ud. dirá, estimado lector, que el pleito abierto por Perú en La Haya lo hemos ganado, a la luz del desarrollo de los alegatos de las partes.
Me he tomado, sin embargo, el trabajo de revisar, asesorado, una media docena de casos semejantes anteriormente fallados por esa Corte Internacional. Y no es como para estar tránquilo, créame.

Por otra parte, algo huele francamente mal en este asunto.

A mi no me ha gustado nunca el que se haya impuesto el criterio, luego de formalizada la demanda peruana, de poner carita de huevón y hacer de cuentas que aquí no ha pasado nada. Cuando, en realidad, ha ocurrido algo muy grave.
Ocurre que se ha demandado internacionalmente al país sobre la base de la mas absoluta mala fe, y eso no es algo que debiéramos - ni podríamos - dejar pasar en forma liviana.
Se ha subordinado, desde el comienzo, los intereses nacionales al concepto de “cuerdas separadas”. Vale decir, que Ud. me puede mariconear y yo tengo que hacerme el desentendido y seguir hablando de otras cosas. No vayan a deteriorarse las relaciones entre ambos.
Concepto ese de las “cuerdas separadas” que calza mucho mejor con los intereses peruanos, como premisa, y que de hecho fue exigido por nuestros vecino.
Lo aceptó así el gobierno de la señora Michelle Bachelet, y lo ha continuado sin asco el gobierno del señor Sebastián Piñera. Peor aún : el gobierno actual invitó al obeso señor Alan García, el mismo que nos insultó con publicidad - ¿ No recuerda Ud. aquello de “Republiqueta“ ? - a visitar oficialmente el país. Le baldeó las tripas con pisco sour, no fuera a mostrar disgusto la visita, y mas encima lo condecoró, a título de nadie sabe que motivo.

¿ Y todo para que ? Espero que no sea para salvaguardar la inversión de particulares chilenos en Perú. Puedo entender que los poderes fácticos me sangren hasta la extenuación a través de la Isapre. Pero no que comprometan el honor del país y la integridad del territorio nacional en defensa de sus bolsillos. Y con apoyo oficial, mas encima.

Ahora la Moneda se ocupa en llamar a los jefes de partidos políticos, comprometiéndolos a no hacer olitas cuando se conozca el resultado del fallo. Y ellos, claro, han aceptado con entusiasmo patriótico.
No se de instrucciones a las fuerzas armadas chilenas. Y está bien que yo no lo sepa. Si las conociera, tendríamos un pésimo compartimentaje militar.
Pero - ojo - tampoco existe disposición alguna en relación a los reservistas. Y eso si lo sé de cierto. Y es malísimo.
Porque nosotros, como país, podemos responder por nuestra propia institucionalidad y madurez cívica. Pero, en ningún caso, por la de vecinos de alta inestabilidad interna, que se han caracterizado, a través de la historia, por sus asechanzas y tramas bélicas en nuestro perjuicio. La última vez, en el no lejano año de 1975.

Algo huele mal, repito.

Raúl Olmedo D.

3 comments:

Francisco J. Antúnez said...

Profundo y certero análisis de don Raúl Olmedo. Se agradece también el buen castellano.

Carmen Domínguez R-T said...

Es un agrado leer las colaboraciones de don Raúl Olmedo. Definitivamente, es un aporte.

Iola said...

This is great!