Friday, July 12, 2013

SOBRE CAJAS…







Los hombres públicos de Chile, hoy, con contadas excepciones, hablan un castellano limitado, reñido con el buen manejo del idioma y el purismo.
Suelen abusar de los adverbios, dentro en un limitado, pobre bagaje de 800 palabras como máximo.
Además divagan, tales personajes, en sus peroratas, y son agresivamente repetitivos al hablar. Su peor falencia, sin embargo, consiste en la omisión de las preposiciones. Fíjese bien : mientras más sofisticados sean sus títulos universitarios y postgrados, menos uso de las preposiciones en su palabra escrita o hablada hará el líder político de hoy. Ponga atención al discurso de cualquiera de ellos, del Presidente hacia abajo, pasando por el hoy muy popular Ministro de RR.EE., o canciller. Se sorprenderá.
Ya hemos dado ejemplos surtidos de esta pobreza lingüística, así como de la forma de advertir - en caso de duda - la falta de una preposición en cualquier frase u oración. Basta con ponerla en interrogativo, y saltará a la vista el error.

Este parchado idioma en uso crea situaciones en que la falta de una preposición cambia totalmente la idea que se intenta trasmitir. O desorienta.
Tal ocurre con el asunto de las cajas.

Este mismo blog nos recordaba, hace algunas semanas, como la publicación marxista “The Clinic” anunciaba hace tres años, apenas elegido Sebastián Piñera para la Primera Magistratura, que iba a “darle como caja”. E ilustraba el artículo con el boceto de una caja de cartón.
Hemos visto, antes y después, repetida la expresión hasta el cansancio. El señor Jorge Awad, por ejemplo, Presidente de la Asociación de Bancos, bromeaba en cámara, poco tiempo atrás, señalando que también a él le estaban “dando como caja“.
Y el batracio que hasta hace muy poco entonaba los “jingles” en la campaña de Andrés Allamand - ¿ como no ? - se quejó asimismo en cámara, luego de una acusación infundada de plagio, de que le estaban “dando como caja.”

¿ Que significa esto de “dar como caja” ?

Pues nada. Salvo que Ud. crea que un envase de cartón, metálico o de madera , tiene la capacidad de darle a otra cosa por propia iniciativa. O que la cuenta o ítem “caja” de un informe contable puede desenvolverse por si mismo para similar efecto.

No es nada nuevo, esto de las cajas. En Chile tuvo mucha aplicación durante el siglo XIX, y especial uso en la sátira política de entonces, que era animada y culta. El ex presidente Domingo Santa María, apenas alejado del cargo, suscribió en 1886 una carta privada de crítica a su sucesor, José Manuel Balmaceda, en que hace una perspicaz alusión a esas cajas. También sus antecesores Errázuriz Zañartu , Pinto Garmendia y Pérez Mascayano se habían referido en la tertulia política, metafóricamente, a esas cajas que eran parte de la vida nacional. Hablo de la época dorada en que los presidentes chilenos que dejaban sus cargos lo hacían con sus haciendas disminuidas, cuando no en la inopia franca, careciendo hasta de un techo para vivir.

Se referían esos antiguos políticos, claro está, a las cajas de desfile. Y decían en buen español “darle como a caja”. O bien “como a una caja”.

Pues es a ese instrumento, que acompañó no sólo nuestros compromisos bélicos del pasado, sino que todas las manifestaciones, mitines y marchas políticas de los ocho gobiernos portalianos, así como de buena parte de aquellos del período de la República Parlamentaria, a que alude la frase de “darle como a caja”.

Cierto. Se le da duro a una caja. Se le dá, rítmicamente, con unas baquetas o palillos de dura madera, para obtener un sonido seco, algo metálico, que acompaña magníficamente las marchas. Esa música marcial que produce un escalofrío en el espinazo de todo chileno que haya vestido el uniforme. Por algo la caja es instrumento clave de la “banda de guerra”.
Aunque también puede obtenerse de esas cajas ritmos tan cautivadores como el un/dos/tres del vals, el redoble cómplice de una cuadrilla y hasta el chasquido embriagador de la cueca. Una caja bien golpeada da para cualquier cosa.
Esa es, pues, la caja a la que se le da.

Diga Ud. entonces, “darle como a caja”, y todos le entenderemos.

Use la preposición que corresponde, y seguiremos preservando nuestro idioma para las futuras generaciones de líderes y dirigentes políticos. Mismas que, por ahora, están ocupadas en cubrir de graffitis nuestros principales edificios públicos y monumentos, en destrozar sus propios colegios y amparar, como a hermanos en peligro, a esos inasibles encapuchados diestros en el lanzamiento de bombas molotov.


Raúl Olmedo D.

1 comment:

Antonio Silva said...

Es la entropía de la información. La información es una forma de energía, y como tal, de acuerdo al 2º Principio de la Termdinámica, se va degradando.
La Rae, actualmente, no es prescriptiva, sino descriptiva y va colocando, en su diccionario, lo que está en uso, y corresponde al hablante distinguir entre el uso culto y el que no lo es.