Friday, August 16, 2013

Las dos carátulas





Fuente: El Mercurio, Jueves 15 de agosto de 2013



Orlando Sáenz R.: "La enorme mayoría está más que harta de los encapuchados, de los servicios básicos paralizados con cualquier pretexto, de La Araucanía convertida en zona de guerra, de la delincuencia que aumenta..."


La campaña presidencial que se inicia parece, a primera vista, muy carente de suspenso dada la enorme ventaja con que la enfrenta la señora Bachelet. Sin embargo, su candidatura esconde debilidades que, bien explotadas, la pueden conducir a una derrota que ciertamente sería histórica.

Desde luego, la señora Bachelet enfrenta la campaña con una ventaja tan amplia y con una base de sustentación tan ideológicamente dispersa, que solo puede aspirar a conservar lo que ya tiene sin plantear más que generalidades que no puede precisar porque cada precisión le cuesta partidarios de algunos de sus extremos. Por eso es que, como ya podemos comprobarlo, su discurso abunda en eslóganes que, sin exacta definición, no significan nada: ¿qué es justicia social, igualdad de oportunidades, previsión solidaria, o reforma constitucional en boca de la señora Bachelet? Son términos en que la enorme mayoría de los chilenos deseamos avances, pero en que cualquier cosa cabe dentro de los límites de esos términos y cualquier precisión que ella trate de darles le costará partidarios.

Por eso es fácil predecir que la señora Bachelet intentará la campaña más liviana, farandulesca y menos confrontacional que pueda y que en ella sobrarán los actos emotivos y faltarán las precisiones programáticas. Por lo demás, eso es lo único sensato que puede hacer porque, ¿dónde está el punto de equilibrio entre la concepción marxista y la democratacristiana de la libertad de enseñanza? ¿y el del populismo desatado de Gómez y el desarrollismo humanizado de Velasco?

Es muy posible que esa campaña ambigua y puramente emocional que es tan fácil de pronosticar le baste para ser elegida, sobre todo si se tiene en cuenta la brutal pérdida de cultura política que ha sufrido el país en los últimos tiempos. Pero, ¿es prudente enfrentar las tremendas dificultades del próximo gobierno con un campo tan minado por las expectativas incumplibles y con una base política gelatinosa y cuyo único aglomerante es el goce del poder? En ese escenario, lo probable es que la señora Bachelet asuma una misión en que, como en su propia campaña, tenga mucho que perder y nada que ganar en vista de su importante currículo.

La constatación de todo lo anterior nos lleva a una pregunta humana que probablemente se quedará sin respuesta: ¿por qué Michelle Bachelet aceptó una candidatura en que, en lo personal, no tiene nada que ganar y todo que perder? Ya fue Presidenta, de modo que un nuevo período ni siquiera agregará algo a su currículo, mientras que un mal segundo gobierno le haría perder todo lo ganado. Lo más probable es que se haya dejado convencer, aunque parezca increíble, de que las encuestas demuestran que es la única "salvadora de la patria" posible, lo que probaría que, aunque agnóstica, cree en la ancestral patraña de que "vox populi, vox Dei". Es tan evidente que ella es la persona menos indicada para presidir Chile en el próximo período y es también tan evidente que la ex Concertación tiene varios presidenciables más calificados, que cuesta creer en el papel mesiánico que le han colgado.

Completamente opuesta es la situación de Evelyn Matthei, la única candidata con posibilidades de amagarla. Esta enfrenta una campaña en que no tiene nada que perder y mucho que ganar, sobre todo con las enormes ventajas personales con que la inicia. Es inteligente, directa, precisa, enérgica, sabe lo que quiere y está parada sobre una base política que, pese a sus anecdóticos conflictos temperamentales, es infinitamente más homogénea que la montonera doctrinal de su adversaria. No deja de ser paradójico que la llamada Alianza, tras una serie de episodios sorpresivos y hasta bochornosos, haya dado con la mejor carta con que puede enfrentar con reales posibilidades de éxito al "fenómeno Bachelet". Es como para creer que hasta a los dirigentes de la Alianza les es posible alcanzar la divina facultad de escribir derecho con letra torcida, aun sin proponérselo.

La voluntad y capacidad de la señora Matthei para dar respuestas precisas en su programa de gobierno les serán especialmente fructíferas en un campo que le está vedado a su contendora: el de restaurar en Chile el pleno imperio de la ley y el orden público. En la medida en que la ciudadanía asuma que éese es el principal y más urgente problema que enfrenta la democracia chilena, el transmitir la sensación de energía suficiente para enfrentar ese desafío será determinante en el resultado electoral. Y esa sensación no la puede transmitir la señora Bachelet porque ni siquiera cree en el problema, y menos aún creen los que la acompañan. Para ellos democracia es sinónimo de que todo el mundo haga lo que quiera y eso les impide darse cuenta de que la enorme mayoría está más que harta de los encapuchados, de los servicios básicos paralizados con cualquier pretexto, de La Araucanía convertida en zona de guerra, de la delincuencia que aumenta todos los días, de los caminos bloqueados y de la inseguridad campeando en todas partes. A la señora Matthei se le puede creer capaz de restaurar la gobernabilidad resquebrajada; a la señora Bachelet, no.

Bastaría esto último, sin siquiera echar mano a los más de seis mil millones de dólares enterrados por la señora Bachelet en el Transantiago, para poder fácilmente concebir una gran sorpresa en la elección del próximo noviembre.

Orlando Sáenz R.

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