Monday, August 26, 2013

Y AHORA ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?




Gerardo Varela Alfonso: “La tan vapuleada constitución tiene una columna vertebral que debe ser cuidada, porque recoge la experiencia histórica de muchas heridas políticas e institucionales autoinfligidas…”



Leyendo en la prensa y viendo por la tele el vendaval de malas ideas y de políticas públicas irresponsables que se escuchan —las que van a coincidir, lamentablemente, con un período de contracción económica mundial y chilena—, no pude dejar de pensar en el Chapulín Colorado y su famosa frase, que titula este columna.

Terminada la Primera Guerra Mundial y destronado que fue el emperador austrohúngaro, asumió un gobierno socialista en Austria claramente partidario de una mayor intervención del Estado en la economía. Sin embargo, ese gobierno le pidió a Joseph Schumpeter, liberal y uno de los padres de la economía moderna, que asumiera el cargo de ministro de Economía. Enrostrado que le fue su aceptación en ese cargo tan contradictorio con su forma de pensar, él señaló que si uno ve a una persona a punto de suicidarse, lo mejor es que haya un médico cerca.

Frente al programa del tipo suicidio político, institucional y económico que se anuncia, la pregunta obvia que nos surge es ¿Quién va a ser el doctor que asista a Chile en su delirio suicida?

Nos están tratando de convencer de que la felicidad y prosperidad de Chile depende de 3 caminos. Una reforma constitucional, otra reforma tributaria y una reforma educacional. Las propuestas suponen que es mejor tener gasto público que ahorro privado (FUT); es mejor potenciar la educación estatal que la libertad de elección de los padres, y que es mejor tener una Constitución que les dé más poder a los políticos que a los ciudadanos.

Nos enfrentamos a un escenario que no sé cómo no se nos había ocurrido antes. El camino al progreso está pavimentado de gratuidad en bienes escasos, derechos sin deberes, impuestos más altos, menos ahorro privado, Estado rico y ciudadanos pobres y una Constitución menos rígida que se pueda modificar acorde con el cambio de la temperatura social y política. La historia mundial y chilena enseñan que esto es una receta para el desastre político y económico.

Chile va corriendo detrás de la curva. Quiere ir al Estado de Bienestar del cual países ricos tienen que arrancar porque no pueden financiarlo. El progreso de Chile no se ha producido a pesar del “Modelo”, sino que gracias a él. Parte esencial del Modelo es la Constitución Política, que es un antídoto que evita que los ratones sigan al flautista hasta suicidarse ahogados. Para aquellos que no la han leído, es bueno que sepan que la tan vapuleada Constitución tiene una columna vertebral que debe ser cuidada, porque recoge la experiencia histórica de muchas heridas políticas e institucionales autoinfligidas.

La Constitución consagra un régimen presidencial fuerte, con una potestad reglamentaria fortalecida que limita las materias de ley a aquellas materias más relevantes para la institucionalidad política y económica. Reconoce un catálogo de derechos individuales básicos, desde la libertad de educación y culto que tanto molesta al comunismo, hasta la igualdad ante la ley, el derecho de propiedad y de libertad de iniciativa económica. Establece la separación de poderes y la independencia del Banco Central y consagra la iniciativa legislativa exclusiva del Poder Ejecutivo en materia de gastos. Además, limita la actividad económica del Estado, porque es un competidor desleal que no puede quebrar, es ineficiente e irresponsable como administrador, y su crecimiento es a costa de la libertad de los privados. Finalmente, establece que su columna vertebral no puede ser modificada por simples mayorías, sino que requiere quórums más exigentes que van desde la mayoría absoluta hasta los 3/4 de ambas cámaras en las materias más importantes. Esto no la hace tramposa, porque entonces todas las constituciones del mundo lo serían, sino que la hace una Norma Fundamental para la estabilidad de un régimen democrático.

Un sino de nuestra historia es que las crisis institucionales de Chile se suceden cada 40 años (1810, 1851, 1891, 1925 y 1973…¿2013?). Confiemos en que la doctora honre a Schumpeter y tenga la inteligencia y fortaleza para sortear nuestra cita con la historia.◙

Gerardo Varela Alfonso

Fuente: “El Mercurio”

1 comment:

Anonymous said...

Agudo y sensato enfoque. Clara advertencia. Pero... ¿ Quien hace entender a los zombies ?
Repiten sus consignas disciplinadamente, marchan al compás, nunca han leído la historia de Chile... y son mayoría.
Malos vientos corren

R. Olmedo