Monday, November 11, 2013

La Aplanadora

MIGUEL HUERTA MARÍN
Dícese que “pasar la aplanadora” equivale, en política, a vencer al rival en forma tan categórica que prácticamente se le somete en términos tan absolutos, que éste sólo pasa a ser un triste remedo de lo que puede llamarse oposición.

Las democracias tienen, entre otras, la virtud de permitir que las diferentes ideas se expresen y fluyan en forma coherente y, automáticamente se evita que un sector, envalentonado por un triunfo circunstancial, se sienta el dueño de una república imponiendo su criterio a cualquier costo. Lo contrario al diálogo y a la negociación democrática vendría a asemejarse peligrosamente a una dictadura.

¡NADIE ES DUEÑO DE LA VERDAD¡

Un ejemplo cercano de una “aplanadora” fue el triunfo de la Democracia Cristiana en los comicios  parlamentarios de 1965, post ascensión al gobierno de don Eduardo Frei Montalva. Fue tan arrollador el triunfo DC, que de 147 diputados eligieron a 82 y de 20 senadores a elegir eligieron  a 11.

¡Un Parlamento para Frei!  Rezaba el slogan falangista en esos tiempos.

¿En qué terminó el júbilo gobiernista de ese entonces?

Al poco andar se escindió de la DC un buen grupo de parlamentarios y militantes conformando la Izquierda Cristiana y el MAPU. Pronto éstos se integrarían a la Unidad Popular, siendo parte del gobierno de Salvador Allende.

La consiguiente historia todos la sabemos. La Democracia Cristiana, a pesar de la “aplanadora de 1965” no fue capaz de reelegirse y en 1970 fue tercera entre tres candidatos.  Eduardo Frei, muy a su pesar, debió entregarle el poder al conglomerado dominado por el marxismo  y encabezado por Salvador Allende. Las consecuencias de ello, las vivimos hasta hoy.

Las democracias modernas y probadas, como muchas europeas y la norteamericana, tienen como eje central  de su funcionamiento el equilibrio de las fuerzas políticas. Claramente, nunca es bueno que un sector apabulle al otro por un triunfo circunstancial que, a la larga, causa daños definitivos a un país. Sobre todo cuando éste pretende incorporarse al mundo desarrollado.

Eso sí, los pueblos suelen ser sabios y con su sufragio establecen los equilibrios que cualquier democracia sana requiere. Desgraciadamente los políticos, emborrachados por la ambición de un poder absoluto y permanente, no trepidan en elucubrar maquiavélicas fórmulas para reducir a su contendor a la más mínima expresión posible. El precio de ello lo pagan los países y –particularmente- los más pobres.

Hoy día, la candidata del Partido Comunista y de la Concertación se plantea ante el país en similares términos a los de antaño y, al igual que la fracasada DC de 1965, clama por “Un Parlamento para Bachelet”. La historia tiende a repetirse.

Está meridianamente claro que la elección presidencial no se definirá este domingo y que habrá segunda vuelta. Sólo una encuesta que suele equivocarse – la CEP-  pronostica un triunfo de la izquierda en primera vuelta.  Varias otras, -eso sí- con mucho menos publicidad, dicen que Bachelet no alcanzará los 40 puntos en primera vuelta. IPSOS y Corbiobío entre varias otras.

Dicho lo anterior, y en el entendido de que buscar los equilibrios resulta sano y fundamental, cobran especial relevancia tres factores:

1.- Que en caso de un triunfo de la izquierda en la presidencial, el voto parlamentario fortalezca a la Alianza de centro derecha.

2.- Que las cifras de la primera vuelta presidencial sean lo más estrechas posible.

3.- Que si  triunfa la alianza comunista-concertacionista en la Segunda Vuelta, ésta victoria sea por el menor margen posible. Evitando así la soberbia, que todos sabemos que es pésima consejera.

Teniendo en cuenta que cualquier resultado es posible en una segunda vuelta, más aún cuando Bachelet no podrá esta vez esquivar el debate público con su contendora aliancista, lo que está claro es que Chile hablará el próximo domingo y sólo queda esperar que la sabiduría popular no permita que nunca más en Chile alguien pretenda pasar la “aplanadora” sobre el resto de sus compatriotas.

Para ello resulta fundamental que los chilenos se saquen su modorra e INSANA indiferencia y esta vez ¡¡VOTEN!!

1 comment:

Miguel Huerta said...

La aplanadora que pretende Bachelet, tiene mucho de "chavista".