Sunday, April 12, 2015

Descubriendo Bolivia

Mario Ríos Santander ex Senador 
En el aeropuerto de Iquique, a la espera del avión que me llevaría a La Paz, Bolivia, conversé con un comerciante boliviano. Era su viaje mensual a la Zona Franca. “Todos los meses vengo a comprar unos 90 mil dólares en mercadería, algo así como 27 toneladas de papel, cuadernos, lápices, tintas para abastecer mi negocio”, se ufanaba señalando que tenía su propio camión para flete. Luego se disgustaba porque, “Evo no nos permitió salir con los dólares, ahora tiene que ser a través de un banco. Antes traía los 90 mil en este morral y cuando iba a comprar, con los billetes a la vista, conseguía mejores precios...”. De pronto recordó la campaña de su gobierno por el mar. Con una mirada afable, me dijo, “…que les cuesta a Uds. un poquito de mar para mi país...”, expresó casi en tono de súplica.
En La Paz, todo era distinto. De pronto descubrí que nunca había conversado con un boliviano. Algún saludo por ahí pero nada más. A mi vuelta a Chile, hice la misma pregunta y comprobé que nuestra única relación con Bolivia, eran las declaraciones de Evo Morales y las respuesta del Canciller, acompañadas por otras del Diputado Tarud. Del resto, nada. ¿Es lógica tal distancia?
En Bolivia estaría en La Paz y Santa Cruz. Conocí dos realidades. Me propuse conversar con académicos, autoridades superiores del gobierno, dirigente de partidos políticos, candidatos a la alcaldía, a las gobernaciones, concejales, de en esas ciudades, del El Alto y de los departamentos (regiones),  a fin de tener una visión mas allá de las opiniones de Evo. Me encontré con un pueblo afable, “..Sí, queremos algo de mar, pero si ello significa perder la amistad de Chile, entonces preferimos esa amistad...”, fue la constante en mi conversación. Pero, ¿nosotros le damos importancia a esa amistad que ellos reclaman y aprecian? Francamente no. Ya lo digo, la historia, las declaraciones de conflicto, han sido y son la constante entre ambas naciones. Los pueblos, no han conversado nunca como nos ocurre con otras naciones que nos sentimos  mas afines. Y aunque hay 50 000 bolivianos en Chile, trabajando, sin complicar la vida de nadie y unos 2 000 chilenos  en Santa Cruz en iguales funciones,  tampoco se observan avances de integración entre ambos pueblos. Aun mas, cuando le comenté a algunos conocidos que viajaba a Bolivia, invitado por su gobierno como observador electoral internacional, la respuesta fueron ironías (“ ¿les vas a llevar el mar?”). Ningún  interés solo sorna y algo de desprecio. Debo reconocer que para mi tampoco resultaba muy fascinante el viaje, sin embargo en las charlas posteriores mi visión cambió radicalmente y mi primera observación fue haber lamentado no conocer antes a esta sociedad en que el 80% es indígena con una riqueza ancestral tremendamente atractiva. También reconocer que lo hecho por Evo en cuanto la incorporación de los indígenas a la vida nacional, merece el mayor de los respetos. Por lo demás, ha logrado lo imposible, una década de paz, armonía en la vida interior de su país y posesionarlo en el mundo después de un siglo o mas de marginación internacional.
¿Y nosotros los chilenos frente a los bolivianos?
En la respuesta inmediata, ya lo digo, surge el conflicto marítimo. Se presenta el rostro de Evo, algo odioso, camarada de Chávez, amigo del alma de Maduro y Fidel. En eso Evo ha cometido un error enorme. Tan grande es la “devoción” a los últimos marxistas que van quedando sobre a tierra, que  postergó la visión del mundo sobre su pueblo y de esa forma lo enclaustró tras la cordillera e hizo que sus éxitos, fueran solo de él y nada de su plurinacional población. Esa será la deuda que dejará su gobierno. El resto, está por verse en La Haya y otros lugares. Por de pronto yo al menos, comenzaré a ser amigo de los bolivianos.

Mario Ríos Santander


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