Monday, July 20, 2015

Finalmente no era el modelo

De repente el fantasma de Gabriel González Videla, ronda por los pasillos de palacio. El Partido Comunista, tan dado a crear conflictos cuando no le hacen caso, ya anunció su viaje sin retorno a la calle. Así lo expresaron los máximos dirigentes. “Una desaceleración, como dicen algunos miembros de la Nueva Mayoría que miran mas a la derecha que a la izquierda, no puede ser motivo para suspender la reforma laboral.”  Y luego la tradicional frase que coronan casi todas sus declaraciones, “..ésto es un  portazo a los trabajadores”, antes decían, “a la clase obrera”. Las frases distintas pero el sentido es el mismo. Es evidente que la Presidenta Bachelet, agradecida  de Hönecker y su nomenclatura en la antigua República Democrática Alemana, lugar en que habría realizado sus primeros estudios en medicina, (¿Qué se sentirá tener títulos académicos de un país que no existe?...), tendrá más paciencia que el Presidente radical, pues considerando en su coalición a los comunistas, se aburrió tempranamente al verlos tan ufanos protestando en cuanta “movilización” hubo, mientras tanto, al interior de su gobierno los “camaradas” más conspicuos gozaban de un buen sueldo, auto y oficina. Hoy, la cosa se está poniendo muy parecida. Por ello, algunos miembros de la Nueva Mayoría han comenzado a ponerse nerviosos y comienzan a pedir definiciones.
Pero, ¿acaso los comunistas están equivocados?... ¿o el resto de la NM anda perdida? O más delicado aun, la propia Michelle, nuestra gobernante, es la más equivocada de todos al disponer que se tracen nuevos rumbos.
Observamos que en el espacio político, antes de las “platas políticas”, el debate tuvo dos actores principales: El Modelo vs el Programa. El primero, exitoso, reconocido por cuanto país, universidad, organización existe en el mundo. Pero tenía, según sus detractores criollos, un punto negro: la desigualdad. El otro punto, el Programa,  proclamado por toda la Nueva Mayoría, luego, por los dos tercios, mas adelante por la mitad y ahora sólo por los comunistas, resolvía este asunto de la igualdad. ¿Cómo? Bueno aquí aparece la retroexcavadora, gritos callejeros, “¡El Programa sin tranzar!”,  “el frenesí legislativo” del Obispo Goic.  Para culminar con las ya tradicionales huelgas impulsadas por el grito de guerra: “¡Hasta las últimas consecuencias!”. Se legisla en reformar los tributos, educación y otras. Aparecen las encuestas señalando que el pueblo mayoritariamente no acepta tales modificaciones. Oscar Guillermo Garretón, otrora líder del MAPU, resulta ser el más sincero: “Nos equivocamos. Los chilenos no están en contra del modelo, quieren que subirse al modelo los que aun están fuera”. De esta forma respaldaba la educación particular subvencionada, rechazaba la reforma tributaria y la desigualdad, asunto  esencial del Programa, aunque tenía y tiene importancia, parecía que el pueblo lo resolvía por caminos propios. Y surgía una obligación para la Presidenta: El deber de administrar bien. Hacer bien lo que hay que hacer. Y aparecen los delincuentes; las quemazones indígenas se multiplican; Bolivia; la cesantía; la baja económica. Se modifica el foco del Gobierno, a tal punto, que cambian los objetivos. El Programa se “revisa” y los comunistas se ponen nerviosos.
Parece que Garretón tuvo razón. Había que mantener las libertades, buscar la paz y desarrollar Chile para todos.


Mario Ríos Santander

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