Friday, August 14, 2015

HOSPITAL MILITAR. UN JÚBILO FALSO.

Aquel 3 de Octubre del 1990, en la sede del Gobierno de Alemania Federal, tres senadores almorzábamos con el Vice Canciller de esa Nación, que al día siguiente, 4 de Octubre, asumía la enorme responsabilidad de acoger los despojos de una Alemania que por 45 años se había escondido tras un muro para establecer un Gobierno Socialista. La autoridad germana occidental estaba francamente preocupada. Una buena cuota de los habitantes que recibirían  habían nacido y criado tras el Muro de la Vergüenza, como se le denominó. Habría que enseñarles a los menores de 45 años a vivir libremente, trabajar, cumplir sus compromisos. Ser autor de su propio destino. Además, conocer un destino para Erick Hönecker, jerarca comunista, a quien se le acusaba de decenas de miles de muertos. En un momento determinado, el Vice Canciller preguntó por la ocurrencia que Hönecker se fuera a Chile. Surgió un breve debate. Manifesté no tener rechazo alguno para ese dictador, que había vivido su tiempo, se fuera a Chile.  El comunismo había perdido todas las batallas y su impronta política, culminaba con su desaparición en decenas de estados por todo el mundo a partir de su primera derrota que había comenzado en Chile en 1973. Sin embargo hasta 1989, a fuerza de represión, muros, vasallaje y todo cuanto era necesario para no dar una luz de libertad a sus pueblos subyugados, había logrado mantenerse. De partida, el solo hecho de que China Comunista hubiese reconocido el mismo 11 de Septiembre al Régimen Militar instalado en Chile, era una señal en que la derrota mundial comunista, llegaría pronto. Y así fue
Hönecker se viene a Chile. Lo recibimos y lo respetamos. Un par de años antes, la inteligencia chilena descubría un arsenal de decenas de miles de armas destinadas a una guerra en esta tierra, impulsada por el Partido Comunista. La orden de matar al Presidente de la Junta de Gobierno no había tenido éxito y se busca entonces la guerra entre chilenos. La inteligencia nacional, la desbarata. Fidel en Cuba, se desespera y protege a quienes serían sus comandantes.
La CIA, el Mossad, la KGB, Dina, Stassi todos los servicios de inteligencia, se mueven en una guerra subterránea. Hoy vuelan drones y matan a los nuevos actores de la misma cuestión, Al-Qaeda, Califatos, otros. Antes eran las Cruzadas. El mundo sigue igual. Y aunque no nos gusta, existe. No son los tiempos que no cambian, son los hombres que siguen igual. Esa noche que se reunían con las banderas del PC en el Hospital Militar, con champagne y gritos odiosos, para celebrar la muerte de un miembro de esta inteligencia mundial, reflejó una suerte de premio menor. En efecto, no habían asesinado al Presidente de Chile y la guerra, se la desbarataron. La rabia era otra. Manuel Contreras, fallecía en un hospital, igual que Hönecker. En pocos años, uno y otro, reconocido por el tiempo en que vivieron, fallecían en esta misma tierra.


Mario Ríos Santander

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