Monday, September 21, 2015

Y Allende no estaba equivocado.

Aquel día que el Presidente Salvador Allende asumía el gobierno de Chile, un periodista francés, Regis Debray, lo entrevistaba “ Los ciudadanos no sienten que la democracia  los represente plenamente..”, declaraba, recordando la revolución cubana. El resto de los proyectos revolucionarios de América eran lo mismo. La palabra “revolución” estaba en todos los foros, en todos los discursos, en las leyes, en institutos de estudio, de la misma forma como hoy están los Derechos Humanos. Mañana habrá otros términos de lenguaje permanente.  En esa misma entrevista sin embargo, Allende declaraba que su revolución, “será con empanadas y vino tinto”, expresando de este modo, una diferencia sustantiva con la izquierda del resto del continente. Lo haría en democracia.
Sin embargo, la revolución, como el término lo indica, modifica sustancialmente la naturaleza de las cosas, destruyendo de paso la evolución. Ni la revolución, tampoco la evolución, modifican la esencia del ser humano, por ello, todo cuanto una revolución pueda pretender es la utilización estructural de una sociedad para, mediante su control, despojarla de toda alternativa de libertad. El Presidente Allende, con el correr de los días como gobernante, fue revolucionando las cosas, hasta quedarse con el Poder Ejecutivo en la más completa orfandad. Los otros dos poderes del Estado, Legislativo y Judicial, se marginaron para no ser parte de lo que ellos consideraban la destrucción de Chile.
En Sudamérica, por esos años, hubo solo dos países que no tuvieron régimen militar; Venezuela y Colombia. El resto, todos. Con el correr de los años, ambos sufrirán la más profunda depresión institucional. Venezuela, poseedora de una riqueza cuyos alcances aun no logramos a percibir en toda su magnitud, instauró una sucesión de gobiernos, todos corruptos, que enriquecieron a muchos sin trabajar. Hay quienes dicen que en Venezuela nunca ha trabajado nadie y por eso no estaba en la mente de nadie hacer nada. Hoy es, después de Honduras, el segundo país con mayor número de asesinatos a nivel mundial. El año pasado, asesinaron a 19.870 venezolanos, 54 asesinatos diarios. El otro país, Colombia el drama es peor aun. La guerrilla comunista instalada, por ausencia de un régimen militar, según cifras del gobierno colombiano no desmentidas por nadie, llevan 250.000 muertos reconocidos, 100.000 desaparecidos y 4.200.000 desplazados. Los analistas sostienen que, haberse ufanado de hacer las cosas sin haber tenido un Régimen Militar de por medio, fue lo peor. Mientras en Chile se discute el destino de 1.470 detenidos desaparecidos, en Colombia la cifra supera los cien mil.
Todo lo anterior nos lleva a comprender a Allende cuando señaló sus dudas sobre la democracia. En los países que se interrumpió por algunos años, la suma de fallecidos en este siglo veinte,  no llegan ni a la cuarta parte con los muertos colombianos.
Hoy, las encuestas nos traen la información de la democracia de hoy. El Poder legislativo solo tiene un 6% de aprobación y los partidos políticos, llegan solo al 3%. Es decir, Allende tenía razón,  los ciudadanos no se sienten representados por los organismos democráticos. El tema está en saber que hay que hacer. Nadie pregunta. Temen una caja de Pandora.


Mario Ríos Santander

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