Saturday, November 14, 2015

La bandera quemada

Vladimir Ilich Lenin en su libro “El Estado y la revolución”, expresaba que “la democracia es una de las variedades del Estado que por tanto, a pesar de la igualdad formal, representa, como todos los Estados, la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres...”. Tal afirmación, como todos los preceptos del humanismo,  tiene algunas “aristas” verdaderas. (claro, la Democracia es hoy claramente una violenta acción de las mayorías..) Lo señalado por Lenin, padre absoluto de la interpretación marxista, servía para buscar otra forma de gobierno, pero, como en los albores del siglo XX, esta doctrina, la democracia, había adquirido cierta importancia a la luz de la caída de varias monarquías y otra por desvanecerse, descubrió que la única y verdadera democracia es aquella que, en forma y  fondo, permite crear comunidades de personas iguales, desechando cualquier atisbo de mayoría, (“...evitar la democracia burguesa, que dispone de mayorías y minorías y por tanto es dañina para la vida en comunidad”..). Tal principio, acogido por miles de seres humanos en el mundo, (generalmente los menos animosos con el trabajo y ajenos a la lucidez que da la imaginación  creadora), tuvo un fracaso de tales proporciones a fines del mismo siglo XX, que fue necesario reinventarse aceleradamente para poder sobrevivir al desarrollo que manifestaba la libertad individual.
El extremo llegó al mundo laboral, cuando el trabajador descubrió que no era un asalariado, tal como se lo habían pintado los “camaradas”, sino que en los hechos, era nada menos que un socio de la empresa en que laboraba. Poco le importó que tipo de democracia seguiría para adelante, pues sus anhelos de una vida para él y su familia, de franco progreso, terminaba siendo lo trascendente. Dejó incluso de votar y no militó en ningún partido político. Su única preocupación se radicó en la Negociación Colectiva, ocasión en que los socios se juntaban para resolver la distribución de las riquezas logradas. Si no había que repartir, era un desastre y para ello, lo mejor era trabajar bien.
¿Y la Comunidad proclamada por Marx y voceada por Lenin?
Hugo Moldiz, destacado pensador marxista, en su libro, “América Latina y la tercera ola emancipadora”, anuncia que la Revolución ahora tiene otros nombres: “Abya Yala, Pachamama,  Causa Indígena, Propiedad Ancestral, Emancipación”. Diversas expresiones, pero todas dirigidas al único y final objetivo: la Emancipación.”. Y eso es sólo patrimonio indígena. Entonces anima a los marxistas de América, algo perdidos con esto de que la clase obrera se desvanece, a apoyar la causa indigenista de América”. Pues será ésta, la oportunidad en que, “exista ese No Estado que dará paso a la Emancipación”. Entonces, quemar la bandera chilena en Maya Maya, alegra al marxista criollo. Ya dejó de cantar la Canción Nacional. Entonces no hay motivo para molestarse y más bien, se comprende pues la bandera indígena que se eleva en el Queuco, es la misma de La Paz, Quito o Putre en el norte. Chile, ya no existe.


Mario Ríos Santander 

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