Sunday, March 27, 2016

EL VIERNES PASADO

A la luz de una constante actual, expresada cada día mil o más veces, transformada en diosa eterna, fuerte y única, pareciera lógico preguntarse si el viernes pasado, llamado Viernes Santo, se conmemoró la muerte de Jesús o el primer acto democrático de la humanidad.
Hoy, la totalidad de las constituciones del mundo, salvo la chilena, inician su proclama institucional expresando lo primero: Somos un Estado Democrático. Y luego, en una seguidilla de insistencias, en que  la democracia termina siendo parte de todos los actos de la vida. En ella se fundamenta, según tales proclamas, todo cuanto el ser humano es y será,  es ella la democracia, la solución de todo. Es el pueblo activo y decidido, inteligente, con sabiduría y repleto de lo que representa su plena participación: La verdad. Nada, ningún otro acto en que no esté debidamente impregnado de democracia ha de tener valor.
 Poco falta para que este primer acto democrático de la humanidad, en que el pueblo decidió, superando al imperio, comience a ser recordado como el primer triunfo popular: La condena a muerte de Jesús.
Es así que Poncio Pilatos, algo pánfilo, (y también desinteresado por la vida de un judío), estima que lo mejor es que el pueblo resuelva. Estaba convencido que él, autoridad superior, los convencería de no matar a este Galileo llamado Jesús. “No veo razón alguna para castigar a este hombre”, sin embargo, el pueblo, soberano al fin, dispuso de otra cosa: “¡¡Crucifícalo, Crucifícalo!!”. Pilatos, impresionado por esta determinación democrática, trata de convencerlos de su equivocación, pero el pueblo, que siempre dice la verdad, continuó con gritos, “¡¡Crucifícale, crucifícale!!”. Entonces Pilatos, abrumado por esta disposición popular, entregó a Jesús para que le crucificaran. Las calles, se repletaron para escupir a Jesús cargando la cruz sobre sus hombros. Era una mezcla de odio y alegría. Se sentían orgullosos porque superaron a la autoridad romana y sintieron la fuerza del pueblo. Surgía la democracia.
Observado la historia, los pueblos no triunfan. Los que sobresalen son sus líderes, hombres o mujeres admirables que  conducen la humanidad. Jesús, muerto por el pueblo, es el ejemplo mas claro. Su doctrina, fue tan poderosa que superó al pueblo que lo mató, alcanzando niveles tan altos que sobrepasó los  imperios, creando una civilización, máximo estado al cual puede optar un conductor. Ningún pueblo, con la democracia en sus hombros, lo ha logrado. Debe ser por eso que no se conmemora aun este primer acto popular.


Mario Ríos Santander     

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