Tuesday, June 28, 2016

EL VIAJE DE NUESTRA MICHELLE

Con un rostro tranquilo, rodeada de periodistas, anunciaba el viaje a La Habana. “He decidido ir, debido a la importancia de lo que va a ocurrir”. En efecto, se ponía término a la guerrilla comunista que había asolado Colombia, asesinando 260.000 personas, otras 200.000 desaparecidas y 5 millones de colombianos desplazados. Todo esto en 50 años de “revolución” marxista. Nuestra Michelle, tenía razones de sobra para asistir y darle la manos a los responsables de este arreglo, los mismos, que años antes, asesinaban a diestra  y siniestra, fortalecían el narcotráfico y daban vida a bandas criminales -testaferros de los narcos- que hasta el día de hoy  se pasean por la selva amazónica con armas de guerra en sus hombros y libros de Lenin en sus bolsillos.
Estuve en Colombia. En un viaje de 60 kms. fuimos revisado cinco veces. Luego, volando sobre la selva en un avión militar, descendimos en dos pequeños pueblos del interior. Militares armados, gente caminando por las angostas calles. En Bogotá, los edificios, todos con perros que alertan el ingreso de la droga a su interior. Guardias armados. Conversando con el colombiano medio, está feliz, la guerra debía terminar. Ahora falta la otra facción marxista, la que Fidel siempre apoyo, el ELN. Tiene unos 4.000 “revolucionarios”. Otros, tienen dudas, “las bandas criminales ganan mucho dinero…será difícil que dejen su propia revolución”.
Colombia, se ufanaba de ser el único país de América Latina que, “no tuvo Régimen Militar”, cuando el resto del continente era gobernado por los uniformados. Ahora se lamentan. Aquellos días de revolución marxista fue necesario el régimen militar. Los civiles eran incapaces de sobreponerse a un cuerpo armado, dotado de sofisticados fusiles de guerra, todos proveídos por Rusia vía Cuba. Chile también lo vivió, sólo que en este caso surgió un Régimen Militar que los desarmó. Fallecieron, entre civiles y uniformados, 4756 personas. De ellos, 786 se encuentran desaparecidos. Si no hubiese existido nuestro Régimen Militar, estaríamos con cientos de miles de muertos. Habría que recomendarle a Nuestra Michelle, que el mismo afán de viajar a Cuba para saludar el fin de la guerra, ocupe algunos minutos en viajar a Punta Peuco y haga lo mismo que en Cuba, darle la mano a los militares chilenos que no permitieron que la tragedia colombiana llegara a Chile.
Conversando con el canciller de Viet Nam en 1999, me señalaba, “en nuestra revolución, que en occidente le llaman guerra de Viet Nam, murieron seis millones de vietnamitas…ello es muy doloroso, pero aun así, tal dolor, no es mas grande el futuro de Viet Nam”. De esta forma, dejaba sentado la necesidad de mirar el futuro.
Hay que superar el rencor y la venganza. Ambas cuestiones que ocultan la justicia.


Mario Ríos Santander

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